A
propósito de los libros
de texto...
En
tiempos de crisis, en el afán
por reducir gastos, nunca faltan
quienes aconsejen que los alumnos
no utilicen libros de texto.
Esta propuesta de estudiar sin
libros es casi tan falaz como
pedir que los alumnos escriban
sin lápiz o sin lapicera.
Algunos
pretenden suplir esta carencia
mediante el empleo de fotocopias,
lo cual además de ser
ilegal, limita las posibilidades
de aprendizaje de los alumnos.
Las fotocopias en blanco y negro,
aún las de buena calidad,
impiden diferenciar muchos aspectos
que sólo se distinguen
con el color, inician a los
alumnos en prácticas
deshonestas y al final del año
insumen un elevado costo, casi
igual al de un libro de texto.
Otra diferencia que se observa
es que las fotocopias se “tiran”
al final del curso, mientras
que el libro se guarda porque
es algo importante. Entonces,
el solicitar un libro de texto
también indica que se
le da importancia a la materia.
Los
textos escolares proponen cómo
organizar el contenido, la jerarquización
de los conceptos, el diseño
de las actividades, la distribución
de los temas y las formas de
evaluación. Es decir,
estructuran
el contenido presentando una
organización y una secuenciación
del mismo que operan como guía
del proceso de enseñanza
y aprendizaje.
Hay
libros de texto que tienen una
vistosa diagramación,
una excelente ilustración
y sus conceptos son correctos,
pero están escritos de
modo tal que los alumnos no
los entienden. En realidad,
son muy lindos para los docentes,
pero no son útiles para
los alumnos que son quienes
deben usarlos.
La
selección del libro de
texto es una tarea fundamental
para el docente, por lo cual
debe examinar exhaustivamente
sus contenidos conceptuales,
procedimentales y actitudinales
para asegurarse de que sean
adecuados a las capacidades
y necesidades de los educandos.
El
libro de texto facilita la tarea
del docente porque en él
están contenidos los
principales datos y conceptos
que quiere transmitir. Si el
docente tiene que dictar contenidos
pierde el 70 % de su tiempo
en esa tarea y el proceso de
enseñanza-aprendizaje
resulta monótono y “aburrido”.
Cada
estudiante tiene su propio ritmo
de aprendizaje. Hay quienes
avanzan más rápido,
otros más lento. Algunos
comprenden con una sola lectura,
otros necesitan leerlos varias
veces. Por lo tanto, el
texto ofrece la posibilidad
de que el alumno marche a su
propio ritmo.
El
texto complementa la tarea del
docente, permitiéndole
que la amplíe y/o la
profundize mediante la propuesta
de actividades que el alumno
puede realizar en su hogar.
En la actualidad,
el material escrito compite
con propuestas audiovisuales,
informáticas y de telecomunicación,
pero, en la escuela, sigue siendo
el que asegura una propuesta
pedagógica y pautas de
control más eficaces
sobre los alumnos.
Los libros de texto
tienen un lugar de privilegio
en el proceso educativo porque
direccionan el proceso de enseñanza-aprendizaje
efectuado en las escuelas.
El
uso del libro de texto posibilita
el autoaprendizaje del educando
y permite que en él se
despierte el espíritu
de investigación. |