Sra. Jorgelina BRANDAN de SARMIENTO 

Congregación: Religiosas de Jesús María  - Córdoba

 

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Lo primero que resalta, es su personalidad, culta y multifacética, rica en verdaderos valores, que sigue irradiando alegría y esperanza, a quienes la rodean. 

Apasionada  por las letras clásicas y modernas,  fue contagiando  esta inquietud a docentes y estudiantes, alentando investigación, intercambios y propuestas nuevas. 

Cuidó los aspectos sociales  de promoción y atención a  todos, en especial a los menos favorecidos. 

Ha sido siempre activa, sin desbordar la medida  de la prudencia, privilegiando lo esencial por encima de lo urgente, conjugándola con una fina sensibilidad, que le permitió  gozar de la belleza que nos rodea, y, al mismo tiempo, ser  exigente en la docencia;  equilibrando la bondad y la ternura, con la firmeza y la eficiencia.    

Su fe maduró con los años y las pruebas; la Palabra de Dios, como dice el salmista, fue  luz para sus pasos y sostén en el camino, y esa luz sigue irradiando hoy  a su alrededor  continuamente.

Es imposible olvidar su sonrisa contagiosa y su fino sentido del humor, que hizo más  llevaderas las situaciones difíciles, inherentes a la conducción de una obra educativa. 

Cerca de  ella, siempre se pudo contar con el apoyo sereno, la palabra  discreta, y la lealtad incondicional. 

Quienes compartieron con Jorgelina la tarea de la docencia y la gestión directiva, apreciaron  vivamente  su capacidad para resolver conflictos con claridad y valentía, y al mismo tiempo, prudencia y delicadeza.  

Supo  aunar firmeza y constancia, con flexibilidad y condescendencia; y discernir con calma  situaciones complejas y hasta engorrosas. 

Con criterios bien fundamentados es de valorar la labor realizada, buscando continuamente la actualización y la renovación  de la  educación.  Su interés  abarcó desde   la tarea  de los primeros grados, hasta la completa formación de   los casi egresados. 

 Derramó su afecto en su familia, sus  amistades, sus alumnos, y en una maternidad fecunda mas allá de los lazos de la sangre. 

Persona integra y cabal... Cuando el correr del tiempo lo pidió, cedió lugares, ocupó segundos puestos, siempre creativa y colaboradora, con su acostumbrada discreción y sencillez. 

Como una vez  leyó a los docentes en el Día del Maestro, ella supo cargar sus alforjas con ricas semillas. Sembró a Cristo mismo, de  quien imitó el gesto fecundo de desinterés y donación. 

Por todo esto, consideramos que el Premio del Divino Maestro esta con ella, en buenas manos, como en las de  aquellos que siguen apostando a la educación, como el medio privilegiado para transformar la sociedad y el mundo.

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