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Hno. Antonio HERRLEIN SEIB Congregación ; Hermanos del Sagrado Corazón
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El Hermano Antonio nació en Santa Anita, Entre Ríos, localidad destacada por ser la cuna de numerosas vocaciones religiosas. A temprana edad ingresa en el seminario de los Hermanos del Sagrado Corazón y emite su primera profesión el 15 de enero de 1954 en la casa de formación de Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires. Obtiene el título de Maestro Normal Nacional en la ciudad de Venado Tuerto, Provincia de Santa Fe. Ya al año siguiente se inicia formalmente en la docencia como maestro de 2º grado, tarea que lleva adelante durante 12 años. Pero su verdadero y notable trabajo como docente, lo ha desarrollado como maestro de 1º grado en los Colegios Manuel Belgrano de Temperley (15 años) y Sagrado Corazón de Lomas de Zamora.(13 años). En total cuarenta años entre los niños más pequeños, enseñando a leer a cuarenta generaciones de alumnos. Sólo quien ha sido maestro de 1º y 2º grado se da cuenta de lo que expresan estos números y conoce también la importancia de la tarea educadora en estos cursos de la educación general básica. Podemos destacar en el hermano Antonio, los excelentes resultados obtenidos con estos alumnos, gracias a su trabajo metódico, la dedicación, la sabiduría y experiencia que dan los años. Era de admirar su capacidad de dominio de grupo y el aprovechamiento del tiempo de clase, que le llevaba todos los años a concluir el programa con antelación a la finalización del ciclo lectivo y a iniciarse con algunos pinitos en el programa del año siguiente. En las caras de los niños se podía leer la confianza que sentían cuando el Hermano Antonio conducía con habilidad su mano en los primeros trazos, la dignidad que sentían cuando eran con argumentos serios y razonables y la alegría al recibir la más alta calificación o un pequeño reconocimiento de nuestro hermano. Cuarenta años como maestro de 1º grado, revelan la confianza de los Directores de los centros educativos, para entregar al experimentado hermano, que sentara las bases de la calidad educativa de los años futuros y lograra la adquisición por parte de los niños de los hábitos necesarios para los siguientes años de estudio. La tarea educadora, esa hermosa vocación que delegan los padres en los maestros, tiene sus secretos. Bien lo saben las madres que constantemente están a la puerta del misterio y del milagro desde que engendran a sus hijos. Y estos secretos por su componente humano y por lo tanto divino, no pueden ser descifrados por los buscadores de fórmulas perfectas o maravillosas, ni por los creadores de métodos novedosos o reformas de escritorio. Estos maravillosos maestros se llevan consigo ese secreto, pero si miramos con ojos de niño, veremos que hay una palabra que encierra el arte de enseñar: esta palabra es el arte de amar. |