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INCLUSION “Los
niños que se educan juntos aprenden a convivir juntos.” Introducción: Deseo iniciar con tres breves historias reales de dimensión global Historia
1: Braulio Rodríguez tiene tres
años. Su madre Miriam Melchor, intenta inscribirlo en un jardín de niños en
Oaxaca, México. Es rechazado. Recorre varias escuelas y en todas encuentra el
mismo rechazo. “Me dolió mucho que no
me lo aceptaran en pre-escolar. Creía que era la cosa más fácil y fue la
experiencia más dura que he vivido.” Braulio, ahora de seis años, vive
con el síndrome de Down. Historia
2: Guang Lan, de Taiwán, enfrentó
también la discriminación hacia su hijo Tony, que tiene hoy 26 años por tener
también síndrome de Down. “Ni mi esposo
lo quería; es difícil para el padre aceptar que su hijo tiene síndrome de
Down” relató en el Congreso Internacional sobre Inclusión en Acapulco el
pasado noviembre. Historia
3: Heather Tracey, canadiense de 38
años que, además de sufrir una discapacidad mental, sufre de malformaciones
en sus brazos, denunció que sus derechos son frecuentemente violados: “Mucha gente no piensa que pertenecemos a El reciente congreso de
Acapulco planteó la necesidad de aprobar Creciente
desigualdad que nace desde la escuela Como bien sabemos, las
declaraciones y las leyes son necesarias, pero los problemas se resuelven
sólo si, desde los primeros años los niños están expuestos al valor de la
inclusión y encuentran formas concretas para internalizar la convivencia con
las personas excluidas. Ciento treinta millones de personas en el mundo viven
con alguna discapacidad intelectual, la mayoría de ellos, en condiciones de
pobreza. Pero lo que pocas veces consideramos es que de los alumnos que
tenemos enfrente, el 15 por ciento de ellos, al formar una familia, va a
tener hijos con algún tipo de discapacidad y no sabrá cómo manejarla. Otra
gran proporción, tendrá conocidos, amigos, vecinos o parientes con un niño
con limitaciones y muchos otros tendrán que proveer servicios a personas con
discapacidades. Durante toda esta
exposición, al hablar de exclusión, no nos referimos sólo a personas con
limitaciones de aprendizaje o de conducta sino a niños, jóvenes y adultos que
sufren
Si bien todas las personas
nacemos libres, con igualdad de derechos y de dignidad, existen personas con
capacidades diferentes o que por falta de oportunidades, que hacen que cada
vivamos en una sociedad cada vez más desigual Todos conocemos bien
nuestros centros educativos. Estamos orgullosos de ellos ¿y por qué no? pero
pocos se dan cuenta de que la escuela, fruto de la modernidad, heredó una
característica típica de ella: está diseñada para el éxito y para la
eficiencia, medidas éstas, en términos cuantitativos de calificaciones,
cuotas, niveles de producción y de competitividad. Prueba de ello son los
exámenes de admisión, los estándares de calidad, las asociaciones y
acreditaciones escolares que tanto publicitamos. Históricamente, la escuela
ha sido planeada y organizada para excluir a ciertos niños que no pueden ser
asimilados a la “norma” general. Esta segregación ha sido legitimada por el
uso de tests psicológicos y por técnicas de evaluación que clasifican a los
niños como aptos y no-aptos. Además, en el contexto
cultural de América Latina donde un cristianismo tradicional permeó la
cultura mayoritaria, donde domina una lengua única, y donde los pueblos
indígenas han permanecido en el olvido, no es fácil admitir vivencialmente el
concepto de inclusión, de tolerancia y de respeto a las diferencias. Finalmente, muchas veces, plegándonos a las
exigencias de la eficiencia, de la mercadotecnia y hasta de las demandas de
algunos padres de familia, hemos adoptado en nuestras escuelas prácticas
excluyentes abiertas o justificadas con racionalizaciones que, al fin de
cuentas, impiden la inclusión. Claro que, en principio,
nadie niega la necesidad del respeto, de la tolerancia, de Hoy
no basta con ser una comunidad educativa “normal” Desde el inicio de los
setentas del pasado siglo hemos impulsado en los centros educativos el modelo
de comunidad educativa. Naturalmente,
toda comunidad educativa, si es tal, debería ser, por su esencia misma, inclusiva. Pero
resulta que no es así. En la práctica, nos ha ganado la competitividad y el
ansia de la eficiencia y, como consecuencia, nuestras comunidades, en la mayoría de los
casos son excluyentes. Por ello, hoy, el modelo de comunidad educativa, como
lo vivimos, no basta para educar al ciudadano que tiene que convivir
diariamente con las diferencias y no lo hace de manera positiva. El modelo de comunidad educativa
inclusiva está pensado en función de las personas que no cubren los niveles
de eficiencia y los estándares llamados normales.
Su medida es diferente: responde a los derechos de aquéllos a quienes,
precisamente se les niegan sus derechos más elementales. La nueva educación
inclusiva exige que todos los estudiantes en una escuela, independientemente
de sus fortalezas o debilidades en cualquier área, formen parte integrante de
la comunidad, vivan y cultiven el sentido de pertenencia con los demás
estudiantes, maestros y funcionarios. Ya actualmente, muchas legislaciones de
no pocos países han reglamentado esto. Pero, nuevamente, las leyes
no crean actitudes y menos aún conductas adecuadas, sólo las protegen. Lo más
importante es que maestros, estudiantes, funcionarios y padres de familia
adoptemos nuevas actitudes y prácticas. Para enfocar este modelo de
forma más precisa, recordemos algunos aspectos de la comunidad misma.
Comunidad es una forma de asociación típica y muy estudiada en la sociología,
particularmente por Ferdinand Tönnis, sociólogo alemán. En el siguiente
cuadro de forma sintética se describen las características de la masa, la
sociedad, el equipo y la comunidad.
La comunidad educativa
incluyente: Hay muchas definiciones, la oficina de “La educación inclusiva consiste en hacer efectivo para todos los
niños, jóvenes y adultos los derechos de la educación, la participación y la
igualdad de oportunidades, prestando especial atención a aquellos que viven
en situación de vulnerabilidad o sufren cualquier tipo de discriminación.” La comunidad educativa inclusiva es, por lo tanto, una nueva
concepción de la educación en la que se reconoce
La inclusión es un fenómeno
multifactorial que desborda el escenario pedagógico y tiene implicaciones
sociales, políticas, económica y culturales. Como lo proclama “Cada niño tiene características, intereses,
capacidades y necesidades de aprendizaje que le son propios… los sistemas
educativos deben ser diseñados y los programas aplicados de modo que tengan
en cuenta toda la gama de esas diferentes características y necesidades… las
escuelas ordinarias con esta orientación integradora representan el medio más
eficaz para combatir las actitudes discriminatorias y para crear comunidades
de acogida y lograr la educación para todos…” (1) El siguiente cuadro, de forma esquemática,
nos muestra las diferencias entre la comunidad educativa existente y una
comunidad educativa incluyente.
Las escuelas que mejor
responden a la diversidad del alumnado, no solo favorecen el adecuado
desarrollo de éste,, sino que también son las que más se significan como instituciones
educativas en su entorno. En resumen, se trata de
reconvertir a las escuelas comunes en escuelas inclusivas para lograr una
sociedad inclusiva. El progreso se logra construyendo sobre las fortalezas de
cada alumno y no sobre sus debilidades. Exigencias para crear una
comunidad educativa incuyente En
resumen, la creación de comunidades educativas incluyentes requiere
de:
1.- Reconversión
del maestro: Ante todo, la inclusión
está basada en el convencimiento del maestro de que trabajar con personas de
diferentes razas, religiones, aspiraciones potencialidades y limitaciones no
es sólo posible, sino la mejor forma para que las personas aprendan y crezcan
en un ambiente que se asemeje, lo más posible, al ambiente en el que vivirán
y trabajarán. Si contrastamos los
enfoques actitudinales, veremos de inmediato los cambios que el maestro
necesita realizar.
La inclusión requiere de un
conjunto de prácticas y procedimientos que, al fin de cuentas, no son otras
sino aquéllas que logran una buena enseñanza. Lo que el maestro hace es
pensar en sus alumnos y desarrollar formas para involucrar a cada uno de sus
alumnos. Después de todo, educar es
siempre cuestión de relación entre dos personas. Los maestros logran buenos
resultados cuando tienen una buena relación con sus alumnos. El maestro estructura
la clase como una comunidad de aprendizaje, de convivencia y de aceptación
mutua, pero no hay una receta para lograr un clase incluyente. Ya
que hemos hecho mención de las comunidades de aprendizaje, conviene, aunque
sea muy brevemente, preguntarnos ¿Qué es una comunidad de aprendizaje?
Llegar
a conformar una comunidad educativa incluyente requiere también, por
parte del maestro, crear expectativas diferentes, metas distintas y sistemas
de evaluación diferentes a las que está habituado, y esto no es fácil para el
maestro. La mayoría de los maestros
prefieren trabajar con grupos homogéneos, con alumnos calmados, que se portan
bien, en una palabra, alumnos “sin problemas”. El desigual, el diferente,
el activo, el crítico, “estorba el
trabajo del grupo” En el proceso de
estructuración de la personalidad negativa, los sociólogos han llamado la
atención sobre el papel de la estigmatización y de la “profecía auto-cumplida”. Pequeñas experiencias de exclusión
pueden parecer sin importancia, pero repetidas como el “lees mal”, “no sabes leer”
estigmatizan al alumno y propician su exclusión. Maestros que han trabajado
ya en comunidades educativas incluyentes afirman que la filosofía de la
inclusión radica básicamente, en ayudar a los maestros y a los alumnos a ser
mejores miembros de la comunidad creando una nueva visión de la comunidad y
de También los alumnos
“típicos” necesitan cambiar de mentalidad. Una escuela que contaba con un
programa de becas para niños pobres creía que tener niños de distintas clases
sociales era un proyecto significativo para En la escuela los niños
también hacen el aprendizaje de 2.- Reconversión de la escuela: “Si
Usted dirige una escuela como una fábrica, dice el Dr. Barry Wilson automáticamente está excluyendo a un
tercio de la población, ya que no encaja en este modelo. En el modelo
fábrica, la escuela establece estándares y niveles, pone acento en el
rendimiento y Un padre de un niño con
discapacidades de la escuela pública de Waverly en Iowa afirma: “Cuando mi hijo salga de la escuela
pública, va a vivir y trabajar con gente muy diversa. Quiero que, cuando
salga de la escuela, sea tan aceptado como en En una escuela inclusiva la
diferencia es respetada y valorada. La discriminación y el prejuicio son
activamente combatidos. De manera positiva se promueve la integración de las
diferencias. La inclusión es mucho más que poner a un alumno con capacidades
diferentes en una clase común. Es comprometerse a minimizar y superar las
barreras que impiden la participación y el aprendizaje. Para terminar este
apartado, recordemos brevemente los valores que promueve una comunidad
educativa incluyente:
Afortunadamente, en toda
América, la escuela viene repensándose a partir de nuevos paradigmas y
premisas. Hoy se buscan formas nuevas de razonar, trabajar y convivir. Se
busca diversificar las estrategias de enseñanza-aprendizaje, adecuar los
marcos institucionales. 3.- Reconversión de los padres de familia: La primera resistencia a
vencer para lograr una comunidad educativa incluyente es la de los padres de
familia de los alumnos “típicos”
que tienen que comprender que el mundo no es sólo el “beautiful people” que conocen y frecuentan. Deben aceptar que el valor
mayor de su hijo en el futuro, depende no tanto del conocimiento adquirido
sino de su capacidad de relación con todas las personas, incluyendo aquéllas
que sufren cualquier tipo de limitaciones. Se ha comprobado que la
educación incluyente ayuda al desarrollo de los estudiantes de diversa
manera. Los alumnos con retos específicos ganan en el aspecto cognitivo, en
su desarrollo social e incluso, en sus habilidades físico-motoras. Por su
parte los alumnos típicos desarrollan
compasión, afecto y alto nivel de tolerancia para personas con diferencias. Cuando
se excluye a la gente, los costos, en definitiva, son mucho mayores que los
del esfuerzo original para incluirla. Entre muchos directivos y maestros,
existe la creencia general de que los estudiantes con serias limitaciones,
deben volver a la clase normal, sólo si sus limitaciones han sido “curadas”. Mientras esta creencia
prevalezca la mayoría de las personas con problemas serán excluidas. Entusiasmado, un padre de
familia de una escuela inclusiva exclama: “Se podía palpar La sociedad diversa no es
nada nuevo, lo nuevo es la voluntad de integrar estas diversidades y aprender
a convivir con ellas. La comunidad educativa de
inspiración cristiana, testigo y profeta de la inclusión “Dios
quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la
verdad” Si el designio salvífico es total, consecuentemente, la comunidad
educativa de inspiración cristiana, tiene que ser testigo y profeta de la inclusión. Esto exige un resituarse de
forma esperanzadora y humilde al servicio de El informe de “La educación
debe ser inclusiva; los y las niñas con necesidades especiales no deben ser
excluidos del sistema formal. Actualmente, en los países en vías de
desarrollo, menos de un dos por ciento de los niños y niñas con discapacidad
participan en el sistema educacional formal.” Ante este mundo excluido, necesitamos
preguntarnos desde lo más hondo del
corazón si estamos dispuestos a aceptarlo y a desempeñar nuestro apostolado
sin exclusión alguna. El sentido de nuestra misión ampliará su dimensión al
tomar conciencia de este nuevo significado de
su universalidad. Al responder positivamente transformaremos la vida
de nuestras comunidades educativas para hacerlas inclusivas y, por lo tanto
verdaderamente cristianas. Esto conlleva exigencias a las que tenemos que
responder: Ante todo, como se ha
dicho, es necesaria una nueva mentalidad: la inclusión no es algo más que
vamos a agregar a nuestra educación, no son sólo prácticas y destrezas que
vamos a aprender. De hecho, el buen maestro ha sido siempre inclusivo. La
inclusión va a renovar, purificar y
potenciar nuestra práctica educativa En segundo lugar, tenemos
que considerar que las estructuras no son nunca tan inocuas como parecen. Los
problemas estructurales son de difícil solución si pretendemos cambiar tan
sólo la función sin cambiar las estructuras. Lo contrario también es válido.
Debemos preguntarnos honestamente
Todas estas prácticas
terminan por excluir de forma tajante y definitiva a amplios sectores de la
población:
Finalmente, las comunidades
educativas católicas deben ser líderes y profetas de la inclusión porque estas
comunidades están en una privilegiada posición de liderazgo en cuanto a la
vivencia de la inclusión: cuentan con un marco de espiritualidad universal y
son herederas de una tradición de universalidad. La inspiración y la
estructura comunitaria mismas, cuando son vividas y eficaces, irradian amor,
comprensión, cariño, inclusión, lo cual, normalmente tiende a difundirse en
el entorno. En América Latina, como Iglesia hemos hecho una opción
preferencial por los pobres. La exclusión social toca de lleno el corazón de En no pocos lugares de
América Latina se vive el odio étnico o la violencia irracional. En estos
medios, el valor profético de la presencia de una comunidad educativa que
vive la inclusión es irremplazable. Conclusión ¿Es la comunidad educativa
inclusiva una utopía? Posiblemente. Fukuyama y los postmodernos opinan que
hemos llegado al fin de la historia y que, por lo tanto, no hay ya lugar para
las utopías. Muchos opinamos que sin utopías la humanidad no tiene futuro. Si
Luter King no hubiera tenido un sueño, si Gandhi, si Werner Von Brown, si
Bolívar no hubieran soñado, el mundo en que vivimos quizá no existiría. El gran reto hoy, es que
las comunidades educativas católicas se deciden a ser testigos y profetas de
la inclusión. “Las cifras no mienten,
dice Diane Richler, presidenta de Inclusión Internacional: un 98 por ciento de niños con discapacidad
no están en la escuela y la situación para las niñas con discapacidad es
todavía más precaria. Ningún país se puede jactar de tener “Educación para
Todos” mientras los estudiantes con discapacidad no se encuentren en las
aulas aprendiendo junto con sus pares. (5) La inclusión no es, pues, un nuevo término, ni una moda pasajera, nos
atañe a todos, al estado, a la sociedad, a No es exagerado afirmar que
hoy, la educación inclusiva es el camino para alcanzar la paz y Muchas
Gracias Notas: 1. Conferencia mundial sobre necesidades educativas especiales: acceso y
calidad (Salamanca, España, 1993). 2.-Departament
Head, Educational Psychology an Foundations, UNI. 3.- Parent of child with disabilities who attends Waverly, Iowa. File://E\Inclusion-Philosophy of
inclusive education. htm 4.- 5.- Lou
Brown , Bibliografía: Baker, E.T.,Wang, M:C:, and Walbert, H.
J. “The Effects of inclusion on Learning” Educational
Leadership (1994-1995): 33-35. Booth,
T.; Ainscow. M (2002): Guía para la
evaluación y la mejora de la educación inclusiva. Index
for inclusión. Madrid: Consorcio Universitario para |