Cuadro de texto: COMUNIDAD EDUCATIVA

 

 

 
 

INCLUSION

 

“Los niños que se educan juntos aprenden a convivir juntos.”

 

 

Introducción:

 

Deseo iniciar con tres breves historias reales de dimensión global

 

Historia 1:      Braulio Rodríguez tiene tres años. Su madre Miriam Melchor, intenta inscribirlo en un jardín de niños en Oaxaca, México. Es rechazado. Recorre varias escuelas y en todas encuentra el mismo rechazo. “Me dolió mucho que no me lo aceptaran en pre-escolar. Creía que era la cosa más fácil y fue la experiencia más dura que he vivido.” Braulio, ahora de seis años, vive con el síndrome de Down.

 

Historia 2:      Guang Lan, de Taiwán, enfrentó también la discriminación hacia su hijo Tony, que tiene hoy 26 años por tener también síndrome de Down. “Ni mi esposo lo quería; es difícil para el padre aceptar que su hijo tiene síndrome de Down” relató en el Congreso Internacional sobre Inclusión en Acapulco el pasado noviembre.

 

Historia 3:      Heather Tracey, canadiense de 38 años que, además de sufrir una discapacidad mental, sufre de malformaciones en sus brazos, denunció que sus derechos son frecuentemente violados: “Mucha gente no piensa que pertenecemos a la sociedad. En general, a la gente le gusta discriminar.”

 

El reciente congreso de Acapulco planteó la necesidad de aprobar la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y establecer metas concretas en materia de erradicación de la pobreza, disminución de la mortalidad infantil y acceso a la educación, entre otros.

 

Creciente desigualdad que nace desde la escuela

 

Como bien sabemos, las declaraciones y las leyes son necesarias, pero los problemas se resuelven sólo si, desde los primeros años los niños están expuestos al valor de la inclusión y encuentran formas concretas para internalizar la convivencia con las personas excluidas. Ciento treinta millones de personas en el mundo viven con alguna discapacidad intelectual, la mayoría de ellos, en condiciones de pobreza. Pero lo que pocas veces consideramos es que de los alumnos que tenemos enfrente, el 15 por ciento de ellos, al formar una familia, va a tener hijos con algún tipo de discapacidad y no sabrá cómo manejarla. Otra gran proporción, tendrá conocidos, amigos, vecinos o parientes con un niño con limitaciones y muchos otros tendrán que proveer servicios a personas con discapacidades.

 

Durante toda esta exposición, al hablar de exclusión, no nos referimos sólo a personas con limitaciones de aprendizaje o de conducta sino a niños, jóvenes y adultos que sufren

  • carencia de escuelas,
  • falta de cupo en las aulas
  • limitaciones intelectuales, afectivas o económicas,
  • carencia de ingresos y necesidad de trabajar,
  • falta de dominio en el idioma,
  • incapacidad para comunicarse,
  • problemas familiares de todo tipo,
  • fracaso escolar,
  • deficiencias biológicas y alimenticias,
  • de hiperactividad…

 

Si bien todas las personas nacemos libres, con igualdad de derechos y de dignidad, existen personas con capacidades diferentes o que por falta de oportunidades, que hacen que cada vivamos en una sociedad cada vez más desigual

 

Todos conocemos bien nuestros centros educativos. Estamos orgullosos de ellos ¿y por qué no? pero pocos se dan cuenta de que la escuela, fruto de la modernidad, heredó una característica típica de ella: está diseñada para el éxito y para la eficiencia, medidas éstas, en términos cuantitativos de calificaciones, cuotas, niveles de producción y de competitividad. Prueba de ello son los exámenes de admisión, los estándares de calidad, las asociaciones y acreditaciones escolares que tanto publicitamos.

 

Históricamente, la escuela ha sido planeada y organizada para excluir a ciertos niños que no pueden ser asimilados a la “norma” general. Esta segregación ha sido legitimada por el uso de tests psicológicos y por técnicas de evaluación que clasifican a los niños como aptos y no-aptos.

 

Además, en el contexto cultural de América Latina donde un cristianismo tradicional permeó la cultura mayoritaria, donde domina una lengua única, y donde los pueblos indígenas han permanecido en el olvido, no es fácil admitir vivencialmente el concepto de inclusión, de tolerancia y de respeto a las diferencias.

 

 Finalmente, muchas veces, plegándonos a las exigencias de la eficiencia, de la mercadotecnia y hasta de las demandas de algunos padres de familia, hemos adoptado en nuestras escuelas prácticas excluyentes abiertas o justificadas con racionalizaciones que, al fin de cuentas, impiden la inclusión.

 

Claro que, en principio, nadie niega la necesidad del respeto, de la tolerancia, de la inclusión. Pero una cosa es la aceptación teórica y nocional de una comunidad inclusiva, y otra, traducirla en actitudes nuevas, en acciones innovadoras y hasta en un vocabulario diferente. Para colmo, en muchos lugares, vivimos todavía, en la escuela básica y media, restos de prácticas uniformadoras heredadas del modelo escolar napoleónico y que no contribuyen a aceptar la diversidad.

 

Hoy no basta con ser una comunidad educativa “normal”

 

Desde el inicio de los setentas del pasado siglo hemos impulsado en los centros educativos el modelo de comunidad educativa. Naturalmente, toda comunidad educativa, si es tal, debería ser,  por su esencia misma, inclusiva. Pero resulta que no es así. En la práctica, nos ha ganado la competitividad y el ansia de la eficiencia y, como consecuencia,  nuestras comunidades, en la mayoría de los casos son excluyentes. Por ello, hoy, el modelo de comunidad educativa, como lo vivimos, no basta para educar al ciudadano que tiene que convivir diariamente con las diferencias y no lo hace de manera positiva.

 

El modelo de comunidad educativa inclusiva está pensado en función de las personas que no cubren los niveles de eficiencia y los estándares llamados normales. Su medida es diferente: responde a los derechos de aquéllos a quienes, precisamente se les niegan sus derechos más elementales.

 

La nueva educación inclusiva exige que todos los estudiantes en una escuela, independientemente de sus fortalezas o debilidades en cualquier área, formen parte integrante de la comunidad, vivan y cultiven el sentido de pertenencia con los demás estudiantes, maestros y funcionarios. Ya actualmente, muchas legislaciones de no pocos países han reglamentado esto.

 

Pero, nuevamente, las leyes no crean actitudes y menos aún conductas adecuadas, sólo las protegen. Lo más importante es que maestros, estudiantes, funcionarios y padres de familia adoptemos nuevas actitudes y prácticas.

 

Para enfocar este modelo de forma más precisa, recordemos algunos aspectos de la comunidad misma. Comunidad es una forma de asociación típica y muy estudiada en la sociología, particularmente por Ferdinand Tönnis, sociólogo alemán. En el siguiente cuadro de forma sintética se describen las características de la masa, la sociedad, el equipo y la comunidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La comunidad educativa incluyente:

 

Hay muchas definiciones, la oficina de la UNESCO en Chile afirma:

 

            “La educación inclusiva consiste en hacer efectivo para todos los niños, jóvenes y adultos los derechos de la educación, la participación y la igualdad de oportunidades, prestando especial atención a aquellos que viven en situación de vulnerabilidad o sufren cualquier tipo de discriminación.”

 

La comunidad educativa inclusiva es, por lo tanto, una nueva concepción de la educación en la que se reconoce

 

  • Que la educación es un derecho universal
  • Que la educación constituye un elemento fundamental en la integración social de toda persona.
  • Que todo niño, con discapacidades o no, tiene capacidades y potencialidades singulares.
  • Que necesidades distintas exigen respuestas diversas pero no excluyentes.

 

La inclusión es un fenómeno multifactorial que desborda el escenario pedagógico y tiene implicaciones sociales, políticas, económica y culturales.  

 

Como lo proclama la Declaración de Salamanca (1993):

 

 “Cada niño tiene características, intereses, capacidades y necesidades de aprendizaje que le son propios… los sistemas educativos deben ser diseñados y los programas aplicados de modo que tengan en cuenta toda la gama de esas diferentes características y necesidades… las escuelas ordinarias con esta orientación integradora representan el medio más eficaz para combatir las actitudes discriminatorias y para crear comunidades de acogida y lograr la educación para todos…” (1)

 

 El siguiente cuadro, de forma esquemática, nos muestra las diferencias entre la comunidad educativa existente y una comunidad educativa incluyente.

 

La comunidad educativa existente

 

 

La comunidad educativa incluyente

 

1.- Está pensada y estructurada exclusivamente para  niños que se ajustan y funcionan de acuerdo con la norma general.

 

 

1.- Está pensada y estructurada para atender a todos los niños, incluyendo aquéllos con capacidades diferentes

 

2.- Legitimada en función de eficiencia y rendimiento.  Medida con  tests y técnicas de evaluación que clasifican a los niños como capacitados y  no-capacitados.

 

 

2.- Se legitima desde la perspectiva de los derechos humanos:

 

 

 

 

3.- Pertenece a la comunidad sólo el niño que se comporta dentro de cierto rango de la normalidad.

 

 

 

3.- Todo niño tiene derecho a pertenecer a una comunidad y a compartir con sus miembros las distintas experiencias de la vida cotidiana

 

 

4.-La educación de calidad es posible solo para los niños que alcanzan un nivel prefijado en las evaluaciones.

 

 

4Todo niño tiene derecho a acceder a una educación de calidad junto con los otros niños de su edad y de su entorno.

 

 

5.- Sólo los que alcanzan niveles     elevados en el dominio de los conocimientos y de las  habilidades pueden hacer una contribución significativa a la sociedad.

 

 

5.-Todo niño tiene una contribución que aportar a la sociedad

 

 

6.- Los niños más hábiles e inteligentes son los más valorados y ganan la consideración y el respeto de la comunidad educativa.

 

 

6.- Los  niños con capacidades diferentes no tienen menos valor que los alumnos sobresalientes y sus logros merecen el mismo respeto.

 

 

7.- Consideran a los diferentes como anormales, les tienen miedo y no aprenden a convivir con ellos.

 

 

7.- La segregación alimenta prejuicios, enseña a los niños a tener miedo y a ser ignorante

 

 

8.- Los niños de esta comunidad educativa sólo saben relacionarse con sus homólogos. 

 

8.- Segregar a un niño es devaluar su valor como persona y es discriminarlo en base a circunstancias de las que no es responsable.

 

 

 

Las escuelas que mejor responden a la diversidad del alumnado, no solo favorecen el adecuado desarrollo de éste,, sino que también son las que más se significan como instituciones educativas en su entorno.

 

En resumen, se trata de reconvertir a las escuelas comunes en escuelas inclusivas para lograr una sociedad inclusiva. El progreso se logra construyendo sobre las fortalezas de cada alumno y no sobre sus debilidades.

 

 

Exigencias para crear una comunidad educativa incuyente

 

En  resumen, la creación de comunidades educativas incluyentes requiere de:

 

  • Cambio de actitud por parte de todos los componentes: maestros, alumnos, funcionarios y padres. 
  • Adaptación del currículum..
  • Cambios en los métodos.
  • Creación  de comunidades de aprendizaje incluyendo a los padres.
  • Acondicionamiento de los locales.

 

1.- Reconversión  del maestro:

 

Ante todo, la inclusión está basada en el convencimiento del maestro de que trabajar con personas de diferentes razas, religiones, aspiraciones potencialidades y limitaciones no es sólo posible, sino la mejor forma para que las personas aprendan y crezcan en un ambiente que se asemeje, lo más posible, al ambiente en el que vivirán y trabajarán.

 

Si contrastamos los enfoques actitudinales, veremos de inmediato los cambios que el maestro necesita realizar.

 

 

ENFOQUE TRADICIONAL

 

 

ENFOQUE INCLUENTE

 

El maestro es el líder

 

Equipos colaborativos comparten el liderato.

 

 

Los alumnos aprenden del maestro.

 

 

Maestros y alumnos aprenden juntos.

 

Los alumnos se agrupan por habilidades.

 

 

Los alumnos se agrupan de diversas formas.

 

La instrucción se dirige al estudiante “promedio”.

 

 

La instrucción  se adapta a las habilidades individuales.

 

 

Se involucra a los padres como parte del equipo.

 

 

 

La inclusión requiere de un conjunto de prácticas y procedimientos que, al fin de cuentas, no son otras sino aquéllas que logran una buena enseñanza. Lo que el maestro hace es pensar en sus alumnos y desarrollar formas para involucrar a cada uno de sus alumnos.   

 

Después de todo, educar es siempre cuestión de relación entre dos personas. Los maestros logran buenos resultados cuando tienen una buena relación con sus alumnos. El maestro estructura la clase como una comunidad de aprendizaje, de convivencia y de aceptación mutua, pero no hay una receta para lograr un clase incluyente.

 

Ya que hemos hecho mención de las comunidades de aprendizaje, conviene, aunque sea muy brevemente, preguntarnos ¿Qué es una comunidad de aprendizaje?

 

  • Es un grupo con diversas habilidades centrado en la realización de una tarea de aprendizaje a través de la mutua cooperación.

 

  • Aquí, todo mundo tiene un rol y una responsabilidad precisos.

 

  • El resultado asegura el aprendizaje académico y el aprendizaje de la convivencia social.

 

Llegar a conformar una comunidad educativa incluyente requiere también, por parte del maestro, crear expectativas diferentes, metas distintas y sistemas de evaluación diferentes a las que está habituado, y esto no es fácil para el maestro.

 

La mayoría de los maestros prefieren trabajar con grupos homogéneos, con alumnos calmados, que se portan bien, en una palabra, alumnos “sin problemas”. El desigual, el diferente, el activo, el crítico, “estorba el trabajo del grupo”

 

En el proceso de estructuración de la personalidad negativa, los sociólogos han llamado la atención sobre el papel de la estigmatización y de la “profecía auto-cumplida”. Pequeñas experiencias de exclusión pueden parecer sin importancia, pero repetidas como el “lees mal”, “no sabes leer” estigmatizan al alumno y propician su exclusión.

 

Maestros que han trabajado ya en comunidades educativas incluyentes afirman que la filosofía de la inclusión radica básicamente, en ayudar a los maestros y a los alumnos a ser mejores miembros de la comunidad creando una nueva visión de la comunidad y de la escuela. La inclusión consiste en crear y fortalecer el sentido de pertenencia a una comunidad.

 

También los alumnos “típicos” necesitan cambiar de mentalidad. Una escuela que contaba con un programa de becas para niños pobres creía que tener niños de distintas clases sociales era un proyecto significativo para la institución. Sin embargo, en la vida escolar, los hijos de padres más acomodados, no se mezclaban con los hijos de padres pobres. Los alumnos no fueron preparados para esta inclusión. En otra escuela básica, recientemente, al niño con apellido árabe, los compañeritos, en el recreo le gritaban “¡terrorista!”. La humillación destruye la identidad y muchos niños terminan por abandonar la escuela.

 

En la escuela los niños también hacen el aprendizaje de la exclusión. Estas prácticas excluyentes hacen que los excluidos vivan una experiencia profunda de rechazo y aprendan a resistir y a defenderse respondiendo con violencia a la violencia de la exclusión.

 

 

2.- Reconversión de la escuela:

 

“Si Usted dirige una escuela como una fábrica, dice el Dr. Barry Wilson automáticamente está excluyendo a un tercio de la población, ya que no encaja en este modelo. En el modelo fábrica, la escuela establece estándares y niveles, pone acento en el rendimiento y la producción. Si los estudiantes no alcanzan dichos estándares, tiene que separarlos. La inclusión no es cuestión del dónde se educan los alumnos. Es una filosofía que compromete a toda la escuela asumida como responsabilidad de todos. En cierta forma, se parece al modelo de la escuela de un sólo maestro para todos los grados donde los alumnos aprendían unos de otros y se esperaba que el maestro diera clase a todos los niños que componían el salón” (2)

 

Un padre de un niño con discapacidades de la escuela pública de Waverly en Iowa afirma: “Cuando mi hijo salga de la escuela pública, va a vivir y trabajar con gente muy diversa. Quiero que, cuando salga de la escuela, sea tan aceptado como en la escuela. Por esto, para mí, la inclusión es un asunto clave mientras esté en la escuela. (3)

 

En una escuela inclusiva la diferencia es respetada y valorada. La discriminación y el prejuicio son activamente combatidos. De manera positiva se promueve la integración de las diferencias. La inclusión es mucho más que poner a un alumno con capacidades diferentes en una clase común. Es comprometerse a minimizar y superar las barreras que impiden la participación y el aprendizaje.

 

Para terminar este apartado, recordemos brevemente los valores que promueve una comunidad educativa incluyente: 

 

  • Construye el sentido de comunidad.
  • Promueve la pertenencia y la participación de todos sus componentes.
  • Impulsa el logro de la equidad.
  • Promueve el respeto a la diversidad.
  • Favorece el desarrollo de la empatía.
  • Reconoce las diferencias y enseña a vivir con ellas.
  • Cultiva la autoestima.
  • Fortalece el respeto y favorece la afirmación de la individualidad.
  • Enseña la solución de problemas en forma comunitaria.
  • Desarrolla habilidades para el trabajo en equipo.
  • Provee un entorno estimulante y diverso en el que se aprende y se crece.

 

Afortunadamente, en toda América, la escuela viene repensándose a partir de nuevos paradigmas y premisas. Hoy se buscan formas nuevas de razonar, trabajar y convivir. Se busca diversificar las estrategias de enseñanza-aprendizaje, adecuar los marcos institucionales.

 

3.- Reconversión de los padres de familia:

 

La primera resistencia a vencer para lograr una comunidad educativa incluyente es la de los padres de familia de los alumnos “típicos” que tienen que comprender que el mundo no es sólo el “beautiful people” que conocen y frecuentan.

 

Deben aceptar que el valor mayor de su hijo en el futuro, depende no tanto del conocimiento adquirido sino de su capacidad de relación con todas las personas, incluyendo aquéllas que sufren cualquier tipo de limitaciones.

 

Se ha comprobado que la educación incluyente ayuda al desarrollo de los estudiantes de diversa manera. Los alumnos con retos específicos ganan en el aspecto cognitivo, en su desarrollo social e incluso, en sus habilidades físico-motoras. Por su parte los alumnos típicos desarrollan compasión, afecto y alto nivel de tolerancia para personas con diferencias. Cuando se excluye a la gente, los costos, en definitiva, son mucho mayores que los del esfuerzo original para incluirla. Entre muchos directivos y maestros, existe la creencia general de que los estudiantes con serias limitaciones, deben volver a la clase normal, sólo si sus limitaciones han sido “curadas”. Mientras esta creencia prevalezca la mayoría de las personas con problemas serán excluidas.

 

Entusiasmado, un padre de familia de una escuela inclusiva exclama:

 

“Se podía palpar la diferencia. Mi hija dio un giro de 180 grados. Estaba tan contenta que hablaba todo el tiempo de sus compañeros de escuela. Se ha desempeñado maravillosamente, ha hecho grandes progresos y estoy seguro que esto se debe al escenario incluyente de su escuela.” (4)

 

La sociedad diversa no es nada nuevo, lo nuevo es la voluntad de integrar estas diversidades y aprender a convivir con ellas.

 

La comunidad educativa de inspiración cristiana, testigo y profeta de la inclusión

 

“Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” Si el designio salvífico es total, consecuentemente, la comunidad educativa de inspiración cristiana, tiene que ser testigo y profeta de la inclusión.

 

Esto exige un resituarse de forma esperanzadora y humilde al servicio de la inclusión. Esperanzadora al tener en cuenta las potencialidades de todo ser humano, humilde renunciado a exhibicionismos que hacen menos a los menos brillantes. Al asumir la educación inclusiva, la vivencia de la esperanza y la conciencia del llamado universal a la salvación comprometen no solo de forma individual, sino a la comunidad total.

 

El informe de la Task Force sobre Educación del G8 (2002) y avalado por los Jefes de Estado de los países que lo conforman dice lo siguiente:

 

            “La educación debe ser inclusiva; los y las niñas con necesidades especiales no deben ser excluidos del sistema formal. Actualmente, en los países en vías de desarrollo, menos de un dos por ciento de los niños y niñas con discapacidad participan en el sistema educacional formal.”          

 

Ante este mundo excluido, necesitamos preguntarnos desde lo más hondo  del corazón si estamos dispuestos a aceptarlo y a desempeñar nuestro apostolado sin exclusión alguna. El sentido de nuestra misión ampliará su dimensión al tomar conciencia de este nuevo significado de  su universalidad. Al responder positivamente transformaremos la vida de nuestras comunidades educativas para hacerlas inclusivas y, por lo tanto verdaderamente cristianas. Esto conlleva exigencias a las que tenemos que responder:

 

Ante todo, como se ha dicho, es necesaria una nueva mentalidad: la inclusión no es algo más que vamos a agregar a nuestra educación, no son sólo prácticas y destrezas que vamos a aprender. De hecho, el buen maestro ha sido siempre inclusivo. La inclusión va a renovar,  purificar y potenciar nuestra práctica educativa

 

En segundo lugar, tenemos que considerar que las estructuras no son nunca tan inocuas como parecen. Los problemas estructurales son de difícil solución si pretendemos cambiar tan sólo la función sin cambiar las estructuras. Lo contrario también es válido. Debemos preguntarnos honestamente

 

  • ¿Hasta qué punto ciertas orientaciones y reglamentaciones de nuestro centro traicionan la universalidad del mensaje de salvación para el mundo?
  • ¿Hasta qué punto nuestras prácticas y procederes excluyen y discriminan?
  • ¿Es para nosotros importante la accesibilidad en nuestra institución educativa? 
  • ¿Hasta qué punto nuestro centro es excluyente a través de prácticas sutiles como los exámenes de admisión, la cuotas elevadas, las exigencias en materia de uniformes, del material exigido y de hasta viajes de estudio y esparcimiento de elevado costo?

 

Todas estas prácticas terminan por excluir de forma tajante y definitiva a amplios sectores de la población:

 

  • ¿No nos hemos dejado encerrar en un modelo que sirve total o casi totalmente a un determinado grupo o a una sola clase social?

 

  • ¿Hemos pensado que la espiritualidad de la comunión exige la vivencia de la inclusión?

 

  • Hasta cierto punto, la uniformidad es más cómoda y más fácil de manejar. Esta ha sido siempre la gran tentación de los dictadores.

 

Finalmente, las comunidades educativas católicas deben ser líderes y profetas de la inclusión porque estas comunidades están en una privilegiada posición de liderazgo en cuanto a la vivencia de la inclusión: cuentan con un marco de espiritualidad universal y son herederas de una tradición de universalidad. La inspiración y la estructura comunitaria mismas, cuando son vividas y eficaces, irradian amor, comprensión, cariño, inclusión, lo cual, normalmente tiende a difundirse en el entorno.

 

            En América Latina, como Iglesia hemos hecho una opción preferencial por los pobres. La exclusión social toca de lleno el corazón de la pobreza. A las personas que están excluidas les niega una calidad de vida a la que tienen derecho. Son los pobres, entre los más pobres.

 

En no pocos lugares de América Latina se vive el odio étnico o la violencia irracional. En estos medios, el valor profético de la presencia de una comunidad educativa que vive la inclusión es irremplazable.

 

Conclusión

 

¿Es la comunidad educativa inclusiva una utopía? Posiblemente. Fukuyama y los postmodernos opinan que hemos llegado al fin de la historia y que, por lo tanto, no hay ya lugar para las utopías. Muchos opinamos que sin utopías la humanidad no tiene futuro. Si Luter King no hubiera tenido un sueño, si Gandhi, si Werner Von Brown, si Bolívar no hubieran soñado, el mundo en que vivimos quizá no existiría.

 

El gran reto hoy, es que las comunidades educativas católicas se deciden a ser testigos y profetas de la inclusión. “Las cifras no mienten, dice Diane Richler, presidenta de Inclusión Internacional: un 98 por ciento de niños con discapacidad no están en la escuela y la situación para las niñas con discapacidad es todavía más precaria. Ningún país se puede jactar de tener “Educación para Todos” mientras los estudiantes con discapacidad no se encuentren en las aulas aprendiendo junto con sus pares. (5)

 

La inclusión no es, pues,  un nuevo término, ni una moda pasajera, nos atañe a todos, al estado, a la sociedad, a la Iglesia, al sistema educativo, a los directivos, a los maestros, a los alumnos y a los padres de familia

 

No es exagerado afirmar que hoy, la educación inclusiva es el camino para alcanzar la paz y la justicia. De nosotros depende.

 

 

                                                                       Muchas Gracias

 

                                                                       José Cervantes, Ph. D. fsc

                                                                      

 

 

 

 

 

 

Notas:

 

1. Conferencia mundial sobre necesidades educativas especiales: acceso y calidad (Salamanca, España, 1993).

 

2.-Departament Head, Educational Psychology an Foundations, UNI.

 

3.- Parent of child with disabilities who attends Waverly Public School,

Waverly, Iowa. File://E\Inclusion-Philosophy of inclusive education. htm

 

4.- Western Regional Resource Center at the University of Oregon http:=/interact.uoregon.edu/wrrc/AKInclusion.html                   

 

5.- Lou Brown , University of Wisconsin, Madison.

 

Bibliografía:

 

    Baker, E.T.,Wang, M:C:, and Walbert, H. J. “The Effects of inclusion on Learning” Educational Leadership (1994-1995): 33-35.

 

    Booth, T.; Ainscow. M (2002): Guía para la evaluación y la mejora de la                 educación inclusiva. Index for inclusión. Madrid: Consorcio Universitario para la Educación Inclusiva (origin