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Robert Hugh Benson, Confesiones de un converso, Rialp, Madrid 1998, 124 págs. Robert Hugh Benson (1871-1914) fue el hijo menor de Edward White Benson, entonces Arzobispo de Canterbury y una de las figuras más apreciadas de la Inglaterra victoriana. Robert llegó a ser clérigo anglicano y sirvió en varias parroquias, antes de convertirse al catolicismo en 1903. Después de estudiar en Roma fue ordenado sacerdote. Fue capellán católico de la Universidad de Cambridge. En Confesiones de un converso describe el arduo camino que le llevó a la Iglesia Católica: las encrucijadas, los obstáculos y los pasos angostos. Benson no llega por la senda del entusiasmo y el sentimentalismo sino por la desnuda y sólida convicción de la verdad. Gilbert Keith Chesterton, Autobiografía en Obras Completas, T. I,. Plaza & Janés, Barcelona 1961, pp.1 - 321. (Hay también una edición argentina de la obra, por separado, en la Colección Austral de Espasa – Calpe, Buenos Aires). G. K. Chesterton (1874-1936) fue un crítico y autor inglés de versátil y originalísima personalidad. Cultivó la poesía, el ensayo, la novela, la narración corta, la biografía, etc. Todo lo que dice y hace Chesterton lo lleva, con un estilo inimitable, a la paradoja, al contraste, al absurdo y, sobre todo, a la risa y hasta la carcajada. "La obra de Chesterton es vastísima y no encierra una sola página que no ofrezca una felicidad" (Jorge Luis Borges). En su Autobiografía muestra de un modo muy personal el camino de su notoria conversión al catolicismo: "El universo es un intrincado tejido – dice en Ortodoxia – de admirable variedad, y su explicación es el cristianismo, que contiene dentro de sí todo lo que de verdadero y justo pueden dar las otras religiones y filosofías".
André Frossard, Dios existe, yo me lo encontré, Rialp, Madrid, 1990, 175 págs. André Frossard es hjo de L. O. Frossard, periodista y político de la III República francesa que, a los treinta y un años, fue el primer secretario general del partido comunista de su país. Su abuela paterna era judía y su pueblo "el único de Francia donde había sinagoga, pero no iglesia". Del lado materno, sus abuelos eran de origen protestante; pero toda la familia era socialista. Educado en un ateísmo absoluto, "aquel en que la existencia de Dios ni siquiera se plantea", André Frossard cuenta cómo, a los veinte años, encontró bruscamente la verdad cristiana, "en una dulce y silenciosa explosión de luz", cuando entró – para buscar a un amigo – en una capilla de París. Su libro es el testimonio de una de esas conversiones instantáneas a las que no precede evolución intelectual alguna. Frossard puede decir hoy, con la misma sorpresa maravillada del día de su conversión: Dios existe, yo me lo encontré.
Gertrud von Le Fort, El velo de Verónica, Encuentro, Madrid 1998, 319 págs. Gertrud von Le Fort (1876-1971) nació en Alemania. Su familia, descendientes de hugonotes franceses, era profundamente cristiana, pero no católica. Ella se convirtió al catolicismo en 1925. Un año antes había publicados los Himnos a la Iglesia, donde manifestaba un anhelo profundo de catolicidad, que sólo podía hallar satisfacción en el seno de Roma. Centrada en Roma poco después de la Primera Guerra Mundial, El velo de Verónica describe el itinerario espiritual hacia la conversión al catolicismo de una joven alemana, Verónica, que narra en primera persona lo sucedido. En la obra, Verónica describe los acontecimientos de su adolescencia, que cambiarán por completo su vida, relacionados con hechos que son esenciales a también en la vida de los que la rodean: su entorno familiar y un joven alemán, Enzio, recién llegado a Roma. El medio en que Verónica se desenvuelve, su elevado nivel cultural y económico, permite a la autora presentar de modo magistral el pensamiento y el arte de la cultura occidental contemporánea, con todos los temas y graves dificultades de la historia de este período. Por su prosa brillante, cargada de lirismo, esta obra es uno de los grandes monumentos de la literatura europea contemporánea.
C. S. Lewis, Cautivado por la alegría. Historia de mi conversión, Encuentro, Madrid 1989, 245 págs. (Hay también una edición chilena: C.S. Lewis, Sorprendido por la alegría, Andrés Bello, Santiago, 1994, 216 págs.) Cautivado por la alegría es el libro en que C.S. Lewis (1898-1963) cuenta su conversión del ateísmo al cristianismo. Se trata de una historia, como dice el propio autor, "insoportablemente personal". Una vez que se ha comenzado a leerla, cuesta trabajo interrumpir su lectura. La historia de esta conversión se lee sin apenas darse cuenta de que se está recorriendo un largo camino: desde los juegos de la infancia a las emociones de la adolescencia, al comienzo de la madurez. Es como asistir a las investigaciones de un detective que quiere ir al fondo de un "caso" apasionante; y todo ello presentado con la gracia poética y la fuerza narrativa de un gran escritor.
Raissa Maritain, Las grandes amistades. Recuerdos, Difusión, Santiago de Chile 1942, 264 págs. El siglo XIX quiso definirse como el gran paso de liberación del espíritu humano entenebrecido por la metafísica. Puso toda su fe en el método positivo, de cortas fronteras y clima de escepticismo y acabó por arrojar al hombre en un desierto de incógnitas dolorosas y punzantes. La vida se tornó un puente absurdo entre dos abismos de nada y el hombre, oscilando entre las interrogantes insolubles de su origen y destino, debía secarse en la desesperación. ¿Cómo huir de ese tormento irreductible? ¡Cómo rasgar con un golpe de luz esta cortina gris e impenetrable? Raissa Maritain, judía rusa, de vena de artista, que casó en Francia con el filósofo de ese apellido, ha conocido como pocos el peso de la noche espiritual y puede hablarnos con autoridad de sus angustias. Su vida es todo un peregrinaje inquieto y honrado tras la verdad, en el que acaba por topar con Henri Bergson, que la saca del hielo del positivismo, y con León Bloy, que la conduce a la pila bautismal y le otorga la paz definitiva en el Amor de Cristo. Las grandes amistades es un relato autobiográfico en el que reseña esos encuentros que fueron llevando su vida desde el sin sentido a la fe.
Piet van der Meer de Walcheren, Nostalgia de Dios. La búsqueda del misterio, Lohlé – Lumen, Buenos Aires 1995, 241 págs. Piet van der Meer de Walcheren nació en Utrecht, Holanda, de una familia noble. Su entorno familiar, su formación artística y humanística y una inclinación natural hacia el bien lo condujeron tanto a la literatura como a la política, buscando siempre la dicha del prójimo y ayudando a los necesitados en la medida de sus posibilidades. Sin embargo, algo faltaba en su vida. Nostalgia de Dios es un diario íntimo que narra detalladamente el proceso de una conversión: la búsqueda desesperada y en cierto modo exitosa, del sentido de la vida, de la finalidad del sufrimiento humano y, en definitiva, de Dios. "Sin embargo, dice la pobre alma entre sollozos, yo he nacido en algún lugar y quisiera encontrar la Casa de mi Padre".
John Henry Newman, Calixta. Encuentro, Madrid (Hay también una edición argentina: Cardenal Juan Enrique Newman, Calixta. Relato de la tercera centuria, Difusión, Buenos Aires 1948, 255 págs.) Calixta es una novela histórica centrada en el África de mediados del siglo III. En ella pretendió John Henry Newman (1801-1890) retratar la vida de los primeros cristianos y de sus relaciones con el mundo pagano a través de personajes que representan una familia media: Agelio, Juba, Jucundus; sus amigos, la bella Calixta y Aristón, fabricantes de ídolos y objetos de culto paganos; y la decaída comunidad cristiana, con san Cipriano y los cristianos, amenazados y vigorizados por la persecución de Decio. Pero no es la peripecia lo que interesa a Newman, sino el fenómeno de la conversión, que ya había tratado en su anterior novel autobigráfica Perder y Ganar. La conversión aparece como un proceso lento y sinuoso que exige un compromiso irremediablemente personal. Al describir esta evolución interior, Newman prefigura con viveza su concepción de la conciencia y aporta una revolucionaria visión del misterio de la Iglesia, dos de sus más destacadas aportaciones al pensamiento cristiano moderno.
John Henry Newman, Perder y ganar, Encuentro, Madrid 1994, 357 págs. Perder y ganar es una novela autobiográfica de John Henry Newman (1801-1890), una de las mentes más deslumbrantes de los últimos siglos y líder del Movimiento de Oxford, la corriente que en su búsqueda de las raíces del anglicanismo terminó por descubrir con nueva luz a la Iglesia Católica. A la manera de San Agustín, su camino personal se torna representativo de problemas que hoy nos siguen afectando en toda su hondura, como a Charles Reding, su inefable alter ego en la ficción. En Perder y Ganar, la primera de obra de Newman como católico, comparece en vivo retrato, por primera vez en la literatura, el mundo universitario de Oxford con sus peculiaridades, sus polémicas religiosas y sus pintorescos personajes. Encantadora por su modernidad y su lenguaje, por la fuerza y penetración de sus ideas, sorprendente por su ironía y su lirismo, Perder y Ganar es ante todo una obra conmovedora que quedará ya para siempre en el recuerdo de sus apasionados lectores.
Ernesto Psichari, El viaje del centurión, Difusión, Buenos Aires, 1941, 160 págs. Ernest Psichari (1883-1914), nieto de Ernesto Renan, vivió desde niño en contacto con los ambientes intelectuales de Francia y recibió de sus padres una educación laboriosa, delicada y exigente, lo que le llevó desde joven a procuparse por la cultura y por la sociedad. En un momento crítico de su juventud se alista en el ejército y se traslada al Norte de África, donde inicia un proceso que lo llevará a la conversión. Más tarde, al identificarse con Majencio, él héroe de El viaje del Centurión él mismo nos dará la clave de los tumultos interiores que entre los dieciocho y los veinte años, sacudían su ser hasta desgarrarlo "Majencio, nos dirá, tenía un alma, un alma hecha para creer, para mar y para esperar". Murió temprana y heroicamente en la Primera Guerra Mundial. En El viaje del centurión retrata su itinerario espiritual con un estilo similar al cuaderno de notas de operaciones de un militar: el territorio de su propio corazón conquistado por la gracia. |