Hacia el Congreso CIEC en Santiago de Chile, 2004 0

Confederación Interamericana de Educación Católica

AL RE-ENCUENTRO CON LA FAMILIA

La familia en el tercer milenio

«Si los casados dedicaran a su familia sólo el 10% del tiempo y energía que dedican a su profesión,

no habría familia fracasada»

Peter Drucker

TEMA 3.4 Las escuelas de padres y movimientos similares

I. Justificación del tema

Nadie pone en duda la necesidad de una preparación específica para cualquier profesión. En

muchas de ellas se exige, incluso, un título que garantice una adecuada

debe actualizarse constantemente a través de la formación permanente. Pero ¿qué pasa con esa

profesión, entre las más importantes y, a la vez, más complejas que existen, que es la de padre o

os?

Un buen ingeniero o abogado se prepara durante cinco o seis años. Un médico o un sacerdote

dedican entre 8 y 10 años a su preparación específica. ¿Por qué los que van a ser esposos y

progenitores son tan remisos en su preparación? El hecho es que no

académico que permita a una persona «titularse» como papá o mamá. Y, sin embargo, las

exigencias de esa labor son cada vez mayores y más difíciles de abarcar.

Muchas, aunque no suficientes, han sido las iniciativas, privadas o públicas, para intentar paliar

esta carencia. La mayoría de esas iniciativas giran en torno a lo que tradicionalmente conocemos

como Escuelas de Padres, término con frecuencia ambiguo, pero que pretende designar a esas

instituciones que buscan aportar alguna ayuda a quienes deben ejercer como tales y detectan sus

propias limitaciones para hacerlo.

El presente documento quiere acercarse al interesante mundo de las Escuelas de Padres,

presentando algunas experiencias, líneas básicas y orientaciones, que pueden ayudar a quienes

se inician o caminan ya por una realidad tan necesaria. Deseamos desde la CIEC ayudar

especialmente a aquellos colegios o instituciones donde las Escuelas de Padres no existen y a

aquellos en los que ya existen pero que están deseosos de ideas que refresquen o potencien su

desarrollo.

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Es cierto que la familia está pasando por muchas crisis y debe resistir los embates de la vida,

pero también es cierto que, hoy por hoy, se clama en todas partes porque la familia reasuma su

papel educador, que se re-encuentre consigo misma, ya que: no existe otra institución que le

garantice al hombre y a la mujer lo que ella le garantiza; no es posible educar sin tener en cuenta a

la familia como una realidad válida y necesaria.

II. Breve análisis de la realidad

1. ¿Quién enseña a ser padre?

2. ¿Cuáles son las características más notorias de la familia actualmente?

3. ¿Cuáles son los problemas que afectan hoy a la familia:

· a nivel de pareja - a nivel de convivencia hogareña

· a nivel de funciones familiares - a nivel ambiental,

· a nivel educativo, - a nivel de vida cristiana?

4. ¿Qué opina del divorcio?

5. ¿Cuál es nuestra función como padres?

6. ¿En qué consiste esa tarea de educar que hoy se nos pide desde tantos frentes?

7. ¿Implica un hijo trabajo y responsabilidad? Sí. ¿Implica desgaste?, ¿nos quita la

libertad?, ¿nos impide ser personas?... A la hora de ser una buena madre y un buen

padre, ¿quién nos lo dicta?, ¿quién nos dice cómo hacerlo?

8. ¿Cómo hacer para que la familia se integre más a el trabajo de la escuela y sientan

que los educadores son sus aliados?

9. ¿Cómo hacer que la escuela se acerque más a la familia?

III. Brevísimo marco teórico y/o referencial

3.1. Hijos sin padres

A nivel de los países latinoamericanos, el problema radica principalmente en la descomposición

familiar debido a la desintegración, los niveles de pobreza y en el gravísimo deterioro de la relación

padre-hijo. Los padres están ausentes de la formación de sus hijos, ya que muchos se han

desentendido de ellos debido a múltiples problemas como: conflictos matrimoniales, laborales o

personales.

Para nadie es un secreto que la educación en la familia acontece por vía del ejemplo, de la

identificación y de la afectividad y, aparecen también importantes disonancias que normalmente

terminan en acomodación o pacto con lo establecido. Algunos ejemplos:

ü Se censura el consumismo / se le da todo al hijo.

ü La televisión es mala / todos la vemos cada día más.

ü Se sienten liberales ante la sexualidad / no se sabe educar en ella.

En una sociedad conflictiva, con valores contrapuestos y con un relativismo notable, la tarea de

educar, se convierte en improvisar en el día a día, generándoles a los padres angustia,

preocupación y actitudes defensivas y competitivas.

Es bien sabido que la educación familiar condiciona la construcción de la persona y su inserción

en la colectividad. Si la familia no enseña a dialogar, a compartir, a sufrir, a amar, a perdonar, a

respetar la dignidad de las personas, a prestar atención a los más débiles, la sociedad ignorará

todos estos valores. Por eso, no se puede dejar de insistir en el papel crucial que los padres juegan

a la hora de educar a los hijos. Ellos son los primeros responsables y los protagonistas de su

formación. Con las familias deben colaborar, sin suplantarla, el Estado, la Iglesia y, por supuesto, la

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escuela, compañeros privilegiados, junto a la institución familiar, en el proceso educativo de los

hijos.

Como todo ser humano, el niño, por el hecho de serlo, tiene el derecho natural a recibir una

educación que le permita el desarrollo de su personalidad. Lo cual sólo será posible si se respeta el

carácter espiritual, personal, de los protagonistas: padres e hijos. Está claro, además, que el hijo no

es engendrado por la sociedad ni por el Estado (aunque sí en una sociedad y en un Estado), sino

única y exclusivamente por sus padres. Y puesto que son los padres los que lo han engendrado, la

responsabilidad de éstos no cesa con el hecho biológico de la procreación, sino que están

obligados al desarrollo integral de esa vida por medio de la educación.

3.2. Educar a los padres

Anteriormente decíamos que nadie pone en duda la necesidad de

una preparación específica para cualquier profesión u oficio. Y en

muchas de ellas se exige, incluso, un título que garantice una

revia, pero ¿por qué los que van a ser esposos

y/o progenitores son tan perezosos en su preparación?. La

incompetencia y la falta de preparación se pagan caro en la vida y

especialmente en la vida familiar.

El hecho es que no existe un currículum académico que permita a

una persona «titularse» como papá o mamá. Y, sin embargo, las

exigencias de esa labor son cada vez mayores y más difíciles de

abarcar. Ya que el convertirse en padre o madre (Ríos González, J,

1994) exige un cambio bastante fuerte en la realización de metas

individuales y de pareja, hasta tal punto que los mecanismos de

adaptación, comunicación, relación y contacto, necesitarán una

contínua acomodación en función de las obligaciones de paternidad

y maternidad que van a aparecer.

Las Escuelas de Padres se enmarcan dentro del terreno de la Orientación Familiar en el Nivel

Educativo, como una de las técnicas a utilizar, con estructuras atractivas, funcionales y

básicamente formativas, tal cual como lo señala (Ríos González, J., 1994); se trata de

proporcionar a la familia los medios adecuados para la realización de su misión educativa en todos

los frentes y objetivos que le corresponden como "grupo primario" en el que han de tener lugar los

procesos que precisan el contacto y la comunicación total con las figuras significativas para el hijo,

ya sea niño, adolescente o joven.

Hoy día se le exige más al padre, también cada día se le recorta más el tiempo de ser padre. Se

subraya que el padre no deja nunca de serlo, que el derecho-deber de la paternidad no cesa

aunque el hijo crezca y se vaya del hogar, pues la obligación de acompañarlo subsiste hasta el

final. Pero, al mismo tiempo, se palpa la realidad de que, si ser padre es más que engendrar un

hijo, hoy se es padre por mucho menos tiempo. La actual es una paternidad abreviada, pues los

padres ven reducidas sus competencias en la educación de sus hijos como consecuencia de

complejos hechos sociales que inciden en la familia (paradigmas sociales, ritmos laborales,

ideologías, gente que no valora la familia, hogares de cuidado diario, guarderías…).

Esta ambigua situación produce en los padres diversas reacciones: unos, que ya están «hasta

la coronilla», se sienten liberados, descargando su cuota de responsabilidad en los demás,

especialmente en el colegio: «total lo que digamos nosotros es igual...». «Ya le explicarán en el

colegio lo que deben saber de sexo o de religión, o de lo que sea...». Otros, angustiados, tratarán

inútilmente de ponerle puertas al campo, restringiendo los influjos extrafamiliares con pesadas

sesiones de moralina, obsesivos apagones de TV o aburridísimos paseos familiares; la mayoría

cae en una sensación de impotencia...

Otros entre tanto, parecen haber abdicado de sus responsabilidades educativas, quizás debido

a cierto complejo de incapacidad; en un mundo donde la profesionalidad es imprescindible y hacen

falta más de un doctorado por lo menos, para poder abrir la boca, los padres se sienten o

marginados o impotentes a la hora de educar a sus hijos, pues no poseen ningún diploma que los

acredite para ello.

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Nos encontramos, así, con toda una tipología de padres: los que no educan bien a sus hijos

porque sienten que no saben, los que quisieran hacerlo pero se consideran impotentes a priori, los

que lo intentan pero ante las primeras dificultades renuncian, los que quieren pero nunca «tienen

tiempo» para ello, los que piensan que basta con buscarles un buen colegio, los que no dan

importancia a esa tarea, los que sólo se preocupan de los estudios, etc., etc.

Ante esa cruda realidad de absentismo o impotencia educativa y de incapacidad conformadora

de valores, por parte de muchos padres, se elevan voces denunciadoras: la educación, para ser

completa, necesita el calor familiar. La pregunta es si la familia, como institución, est

de brindar a ese proyecto educativo el humus y la atmósfera que necesita.

A lo dicho ya debemos añadir la aguda crisis que, en muchos aspectos, afecta hoy a la

institución familiar. Es evidente que con familias desunidas, separadas, destruidas, sin un universo

definido de valores, desorientadas en su quehacer educativo, que no se responsabilizan

seriamente de su tarea educadora..., no podremos nunca salir del marasmo social que nos está

destruyendo.

3.3. Sin familia no hay futuro

Es verdad que, desde el punto de vista social, la

familia ha cambiado mucho en su fisonomía y en sus

funciones estos últimos años. Ha cedido a otras

instituciones muchas de las funciones que ejercía la

familia patriarcal: educación, salud, trabajo, seguridad,

etc. Pero sigue teniendo una función específica en la

que es absolutamente insustituible. (Borobio, D, 1993),

«Permanecen siempre en la familia la función

gratificante personalizadora, del reconocimiento

amoroso del otro como un tú singular; la función

iniciadora de la identidad personal y grupal; la función

-religiosa, cognitiva y valorativa sobre lo bueno y

lo malo, lo que da o quita sentido a la vida».

No es gratuita, entonces, la convicción universal que existe de que la formación de una

sociedad alternativa y de un hombre nuevo pasan necesariamente por la consolidación de familias

sólidas, bien conformadas y bien formadas, que puedan ser realmente escuelas y talleres de vida.

Concebidas como lo señalan (Palacios, J. y Rodrigo, Ma., J. 2001): la unión de personas que

comparten un proyecto vital de existencia en común que se quiere duradero, en el que se generan

fuertes sentimientos de pertenencia a dicho grupo, existe un compromiso personal entre sus

miembros y se establecen intensas relaciones de intimidad, reciprocidad y dependencia. Sólo así

podrá afirmarse que la familia es la célula básica de la sociedad y el fermento de la nueva

humanidad. Sin el hogar no se puede educar de verdad a nadie. El afecto de los padres no tiene

fórmulas para ser compensado, es insustituible para crecer con normalidad. La familia es el

santuario donde pueden ponerse a salvo los valores, o al menos revitalizarse.

Así, pese a la inclemente competencia que la acosa, la familia sigue siendo, entre todas las

instituciones que componen la sociedad (política, económica y laboral, educativa y cultural,

religiosa o eclesiástica, recreativa y de seguridad social), la que mayor influjo ejerce sobre el

desarrollo psicosocial del ser humano; y ello se debe a que es precisamente dentro de ese ámbito

interactivo e íntimo donde ocurren las más tempranas e intensas experiencias de cognición y

significado, de deseos y frustraciones, de emociones como miedo, amor, placer, seguridad y

afecto, experiencias todas ellas que van configurando para toda la vida la urdimbre básica de la

personalidad.

Hoy día, no se puede ser buen padre de los propios hijos si no se está dispuesto a trabajar

activamente en ser padre, en alguna forma, también de los hijos de los demás. Así adquiere un

significado especial aquello del Poeta Andrés Eloy Blanco: «cuando se tiene un hijo se tienen todos

los hijos del mundo...». Y así, finalizar diciendo que la familia del futuro ha de pensar más en la

(Palacios, J. y Rodrigo, Ma., J. 2001) calidad de las relaciones en su interior, la proyección de

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futuro del grupo familiar en conjunto y de cada uno de sus miembros, y los contenidos concretos de

la vida familiar y de sus relaciones con el exterior.

3.4. En busca de familias funcionales

Hoy en día la familia, por una u otr

resulta simplemente disfuncional, quizás por carecer

del «ambiente adecuado». O sea que, bajo

estructuras formalmente bien integradas, oculta una

gran pobreza de elementos afectivos, comunicativos

y estabilizadores de la personalidad.

La primera condición del hogar funcional, por

parte de los padres, es contar con la voluntad de

aprender a serlo. Ello exige claridad para

entenderse entre sí y voluntad para formarse.

Reclama un trabajo arduo y continuo, a fin de ir

poniendo al día los bagajes culturales que se traen

del pasado y adecuando la formación a cada

realidad y a cada hijo. Les pide, ante todo,

conocerse a sí mismos y enfrentar,

inteligentemente, las profundas crisis que, de una

manera u otra, afectan hoy a todas las familias.

La familia ha de convertirse en (Rodrigo Ma. J. y

Acuña, M, 2001) uno de esos espacios

participativos donde adultos y niños se encuentran

para formar parte de procesos de enseñanzaaprendizaje.

Donde se adquieren conocimientos,

valores, creencias, informaciones, habilidades,

destrezas en el uso de herramientas para la vida.

La sociedad actual le exige a los padres un

cúmulo de verdades, conocimientos y

responsabilidades, y a la hora de la verdad les da

muy poco. Les pide que sean educadores perfectos,

pero no los ayuda a serlo. En primer lugar, porque

se invade su hogar abusivamente con una marea

impresionante de antivalores a través de los medios

de comunicación social o, simplemente, de una

convivencia tergiversada. Y, luego, porque pocos se

preocupan de ayudarlos a ser padres. Cuando se

gesta un matrimonio todo el mundo pretende

intervenir, pero no hay nadie o casi nadie que se

encargue de preparar a los jóvenes para la difícil

tarea que tienen por delante: constituir un hogar,

consolidar las relaciones de pareja, educar a unos

hijos, construir la felicidad en compañía. Se los deja

solos para que se vayan defendiendo como puedan.

De aquí la importancia de las escasas instituciones que, como las Escuelas de Padres, que dentro

del terreno preventivo, se preocupan por irles brindando a las familias esa necesaria formación

Sin embargo, son los propios padres los primeros que deben entender que si ellos no se

esfuerzan, responsable y coherentemente, por formarse a sí mismos, echando mano de cuantos

recursos tengan a su alcance, pueden cometer errores irreversibles en la educación de sus hijos. O

sea, deben estar muy claros en que si no entran en un proceso de formación permanente, al precio

que sea en cuanto a tiempo, esfuerzos y sacrificios, difícilmente podrán realizar a cabalidad su

misión de padres.

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Por otra parte, los padres deben tener claro que esto de educarse bien para educar mejor no es

una tarea fácil. En primer lugar, porque se trata de un trabajo permanente, que no admite

vacaciones ni jubilaciones tempranas. La vida cambia, cambian los hijos y las circunstancias; es

lógico que cambie también la forma de educarlos. En otras palabras, nadie aprende a ser padre

definitivamente, para toda la vida.

Sin contar con que bucear en el mundo de la educación es algo muy complejo y profundo.

Cuando un padre o una madre desean asomarse a él, se suelen encontrar perdidos. Generalmente

terminan leyendo libros escritos por especialistas para especialistas, y referidos a muchachos

«problemáticos», que nada tienen que ver con los propios. Entonces, el problema continúa... Pero

esto no es una excusa para inhibirse o desalentarse. Ante todo porque, en este campo de la

educación familiar, no se precisan maestrías ni doctorados para conseguir satisfactorios

resultados; lo que se pide a los padres es, ante todo, un gran corazón, un cerebro bien puesto y la

decisión de aprovechar cuantas oportunidades se les ofrezcan para aprender ese difícil pero

maravilloso oficio de ser padre.

Por ello es necesario concebir a la familia (Rodrigo Ma. J. y Acuña, M, 2001) como una

comunidad de prácticas o escenario socio-cultural, donde los padres e hijos piensan y razonan

según sus concepciones y hacen cosas mediante herramientas e instrumentos que tienen sentido

y significado no sólo para la cultura sino para la persona misma. Y así lograr construir un hogar

funcional, donde la cultura, el saber, el ser, el conocer, el convivir se dan la mano para constituir el

taller donde se fraguan personas, que nutre las vidas de sus miembros, de la calidad de las

experiencias que se viven en su seno y así velar por el desarrollo armónico e integral de los hijos.

IV. Cuestiones para el estudio: preguntas o puntos de reflexión

4.1. Las escuelas de padres

La preocupación por la educación de los niños desde

sus edades más tempranas está hoy presente en los intentos

de reformas educativas que se llevan a cabo en todos los

países. Implicar a los padres en esta tarea y darles

protagonismo ha sido una preocupación permanente en

aquellos países y educadores que han tomado realmente en

serio la educación y que están decididos a asumir los cambios

que el tercer milenio conlleva.

Hay, razones de peso que hacen de la participación de

los padres un elemento primordial, enriquecedor y necesario,

dentro del proceso educativo integral de los niños, si es que

se los quiere con una personalidad equilibrada, afectiva y

social. Se trata de responsabilizar a los padres del desarrollo

de las capacidades de los sujetos de la educación, que son

sus hijos, en el medio en que viven.

El entorno educativo, en los primeros años de la vida,

está constituido, primero, por el hogar, lugar donde los niños

realizan sus descubrimientos vitales y existenciales, donde se

encuentran con el mundo, donde tejen su primera urdimbre afectiva y ética; en un segundo

momento, por la escuela, puesto que, precisamente, en esta institución es donde inicia el niño su

educación, enseñanza o aprendizaje, de forma reglada, y no puede salir de ella sin la preparación

cognitiva, equilibrio afectivo y madurez ética adecuados para adaptarse a la sociedad en la que van

a vivir, dónde se integrarán y que, en todo momento, los rodea acogiéndolos, presionándolos o

Todos los padres afirman que desean una buena educación para sus hijos, todos aspiran a

alejar de su vida el fantasma del "retraso", todos luchan por integrar a los más pequeños en una

sociedad que les acoja sin recelos. Y todo ello está bien, aunque se descubre hoy una

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preocupación excesiva por la "normalidad". La hábil relación entre familia y escuela puede

favorecer la consecución de estas aspiraciones. La buena preparación de los padres será la piedra

Por otra parte, el avance científico que han experimentado en los últimos años las ciencias

psicológicas y sociales, y la evolución misma de las necesidades de los seres, han llevado,

paulatinamente, a la sociedad a una serie de conclusiones fundamentales:

a. Hay que tener una mayor consideración por cada una de las edades en sí.

b. Se debe atender a una mejor diferenciación de las necesidades afectivas y cognitivas

en cada etapa del desarrollo del niño, desde su nacimiento; se ha ido más allá de aquello

de Rousseau: «la educación del hombre comienza con el nacimiento» pues se sabe que

-o deseducado- desde el vientre materno.

c. Las actitudes de los adultos deben responder a esas necesidades diferenciadas.

d. Hay que ajustar los instrumentos didácticos y metodológicos a cada etapa de

4.2. Un poco de historia

La historia de las Escuelas de Padres es joven. Constituye un fenómeno

social, de fecha reciente, aunque se puede afirmar que surgió de la necesidad de

dar respuesta a los planteamientos educativos y sociales que se hacían muchos

educadores ante los desajustes que presentaban, sobre todo, niños provenientes

de ambientes familiares desfavorecidos por una u otra causa.

El movimiento, se remonta al siglo XIX en los Estados Unidos de Norteamérica, en el año

1815 (IPYM, 1994) cuando se crea la Asociación de Madres de Familia,

primera revista dedicada a la educación familiar, luego en los años 1834 y 1840 nacen varias

publicaciones periódicas referidas a las familias, en 1897 se celebra el Primer Congreso Nacional

de Padres y Maestros y en 1923 la Fundación Rockefeller apoya ampliamente la creación de

centros de investigación para formar especialistas en la educación de los padres. En Europa, en

Francia donde la Escuelas de Padres da sus primeros pasos, con las experiencias de la señora

Moll-Weis quien funda en París en 1909 la Escuela para Madres, también en la época del

pedagogo suizo Pestalozzi (Cagigal, V. s/f) quien recibió el título de Padre de la Formación de los

Padres. En esta época se celebraban reuniones de estudio para madres, y comenzaron las

primeras publicaciones para los padres. En 1928 la Señora Vérine, esposa de un médico, muy

versada en problemas educativos y discípula de la Escuela Activa que se inspira en las ideas de

Rousseau, tuvo la idea de fundar (IPYM, 1994) lo que se considera la Primera Escuela de Padres

en el mundo.

Durante todo el siglo XX, existieron programas concretos como lo apunta Cagigal Virginia en

su ensayo sobre Técnicas de Orientación Familiar: modelos y metodología de la entrevista familiar.

de los sesenta y setenta cuando cobran gran energía, como consecuencia

del desarrollo de los programas de intervención en la infancia. Luego en los años ochenta

aparecen programas específicos para atender los malos tratos, el abandono, retraso mental y en la

actualidad existen una gran variedad de métodos y programas en la que se reconoce el rol

fundamental de la familia en el desarrollo de los niños.

A partir de allí por todas partes se fue haciendo sentir su necesidad, como respuesta a las

inquietudes de los padres y educadores. En efecto, es normal que el padre o la madre que no han

sido educados para serlo sientan su falta de preparación y acudan a consultar a los especialistas

para que les guíen en la difícil misión que les confiere la madre naturalez

con la fuerza imperativa de su propia elección: dotar de la capacidad de la recreación a dos seres

humanos encargados de perpetuar la especie.

La Escuelas de Padres tienen, pues, por principal misión acercar la pedagogía familiar -su

ciencia, su teoría- a los padres, pero desde la respuesta a los problemas prácticos, cotidianos, que

plantea la educación del niño y de cara a la actuación concreta que deben adoptar los padres en

esos momentos dramáticos en los que sienten como si la

las manos. A lo largo del desarrollo de los hijos, los padres (Cagigal, V. s/f) irán adquiriendo

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determinadas capacidades, que a su vez facilitarán la ejecución de las funciones familiares y de

sus propias tareas. Cagigal Virginia las resumen en:

1. Suministro de cuidados y protección básicos en el aspecto físico;

2. Creación de una vida familiar sana;

3. Gestión adecuada del comportamiento intrafamiliar;

4. Desarrollo de una sensibilidad coherente, racional y efectiva de los padres hacia las

necesidades sociales y emocionales del niño;

5. Organización de las actividades del niño y de sus necesidades básicas, y

6. Empleo de los recursos de la comunidad y de las escuelas.

4.3. Su razón de ser

Las Escuelas de Padres surgen, precisamente, de la creciente demanda de los padres por

una mayor información y formación acerca de los hijos y cómo actuar con ellos. Ciertos modelos

anteriores ya no sirven; la sociedad cambia, y criterios de educación que antes eran válidos, hoy

son rechazados, por ejemplo. Aquella distancia y «respeto» obligado que existía entre padres e

hijos, maestros y alumnos, ya no existe; hoy se tiende a acortar distancias, a que la comunicación

sea fluida y el respeto mutuo, pero, ¿cómo se logra todo esto?

Las Escuelas de Padres están planteadas para ofertar un espacio de reflexión sobre la

problemática de la familia actual: análisis del papel de cada uno dentro de ella, del espacio que

ocupa, de sus necesidades, sus cambios y las dificultades de estos cambios y los conflictos que se

producen en las interrelaciones. Durante nuestra vida estamos expuestos a continuos conflictos

que, sin que puedan tildarse de "anormales", se viven con un importante desgaste para la persona,

llevándose sobre las espaldas como parte de la vida normal: un cambio en el trabajo, tener un

nuevo hijo...

La educación actual pone de relieve la importancia de las personas que más interés tienen

por el niño; de las que están con él desde el principio de su vida; de las únicas que pueden darle

ese amor incondicional al que todos aspiramos, o esa dimensión afectiva que es tan importante

para el desarrollo de las capacidades del niño; y esas personas son, en primer lugar, los padres.

Los padres se ven, llamados a contribuir al crecimiento, desarrollo y maduración de los hijos,

puesto que el vínculo afectivo-emotivo juega un papel decisivo en el desarrollo integral del niño y

ese vínculo afectivo con los padres es insustituible. Pero también porque los padres pueden

completar, ayudar, colaborar, en la labor de los profesionales -los maestros-, de suerte que se

asegure una continuidad entre las múltiples experiencias que el niño vive en todos los momentos

de su vida diaria. Esta participación favorece la adaptación y la socialización del hijo y lo ayuda a

desarrollarse mejor.

Cuando unos padres empiezan a ocuparse de sus hijos, el

cariño que les mueve, la dedicación que ponen, las propias

vivencias que recuerdan, sin ser suficientes, pueden facilitarle esta

tarea. Pero más adelante puede ocurrir que la informació

de los padres se vaya revelando mucho más insuficiente y la

experiencia escasa, sobre todo si se trata del primer hijo. Porque,

como decíamos arriba, «a ser padres nadie enseña». Es entonces

cuando se necesita un apoyo para seguir adelante con esta

maravillosa tarea que es educar y ver crecer sanos de alma y

cuerpo a los hijos. Este es el momento de acudir a la escuela de

padres que orienta y asesora en los pequeños conflictos que

pueden plantearse a los padres con sus hijos, y aporta soluciones para las situaciones ante las que

el padre no sabe como responder «para el bien de su hijo».

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4.4. Los objetivos

Cagigal Virginia citando a J.J. Brunet y J.L. Negro (1985) resume a los objetivos de la

escuela de padres en tres grandes objetivos que le den forma al plan sistemático de formación en

los aspectos psicopedagógicos y ambientales, estos serían:

1. Servir de cauce de revisión y aprendizaje para los padres en los temas

relacionados con la educación de sus hijos.

2. Potenciar la comunicación sobre las situaciones que se viven en la familia, creando

un ambiente de amistad, y por último;

3. Aumentar la integración de los padres en el colegio, ofreciéndoles campos

concretos de actividad.

Los objetivos y tareas fundamentales de una Escuela de Padres, llevadas desde la

animación del colegio, podrían ser los siguientes, tal cual como lo expresa (Rivas, R., 1996):

- Proporcionar a los padres un espacio de reflexión sobre los problemas y conflictos

cotidianos del hogar, buscando minimizar su impacto.

- Analizar la problemática de cada rol familiar dentro de una concepción sistémica de

la familia.

- Asimilar criterios de atención y alternativas de solución frente a las presiones del

cambio social y cultural.

- Conseguir un diálogo positivo entre educadores y padres, integran

eficazmente al proceso educativo.

- Crear un ámbito para la experiencia grupal.

Desde esta perspectiva, podemos afirmar que las funciones de la Escuela de Padres son:

1°. Brindar asesoría a los padres para que:

- descubran los conflictos que pueden plantear los hijos;

- conozcan los momentos evolutivos de los hijos y aprendan, desde la experiencia

de los especialistas que llevan la Escuela de Padres, la óptima actuación al respecto;

- potencialicen su actuación, de acuerdo a los estudios psicológicos y p

más recientes; esto es muy importante pues, aún teniendo la mejor voluntad, los padres

pueden mejorar o entorpecer el desarrollo normal de su hijo según sea el enfoque que den

a determinado problema;

- planteando y describiendo los problemas pueden percibir la manera de hacerlos

evitables y de prevenir su aparición.

2°. Facilitarles una fuente de información, enseñanza o perfeccionamiento continuo, para

que los padres se adapten, sin cesar, a los acontecimientos que suceden en la sociedad, a la

evolución de los grupos humanos, conscientes de que en la educación de los hijos no hay tiempo

que perder y de que no puede haber una regla única y absoluta para solventar todos los problemas

o que valga para todas las edades.

3°. Crear un ambiente de concientización sobre los problemas que inquietan a los padres

para que, a partir de esta reflexión, analicen los elementos que los determinan, y establezcan por sí

mismos la solución que conviene a cada caso en particular. Esto resulta especialmente importante

hoy debido a la complejidad de factores que afectan la capacidad reflexiva de todos.

4°. Ofrecerles un centro de ayuda personal para la resolución de los problemas que suelen

presentarse en la cotidianidad del hogar, especialmente en lo que respecta a la educación de los

hijos. Por eso la Escuela de Padres suele enmarcarse dentro de una institución más amplia que

llamamos Centro de Formación u Orientación Familiar.

5º. Servir de puente con la institución escolar en la que se educan los hijos. Cualquier

educador sabe de sobra que su labor queda inconclusa o se ve seriamente comprometida sin el

apoyo de los padres. Un centro educativo, y más un centro educativo cristiano, no puede limitar su

acción a las horas lectivas establecidas en la programación anual del curso. Tampoco puede

reducir la participación de los padres a su presencia en las asambleas de Padres y Representantes

o en alguna actividad puntual. Tal participación es insuficiente y, en gran parte de los casos,

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puramente testimonial. Para una mejor y mayor garantía de la acción educativa escolar es

absolutamente imprescindible la participación activa y sistematizada de los padres. Y éste es,

precisamente, unos de los objetivos y quehaceres de las Escuelas de Padres.

4.5. Modelos de escuelas de padres

Existen muchos paradigmas de Escuelas de Padres con sus correspondientes sistemas, a

tenor de la psicología y pedagogía que opera en su base. Resumiendo podemos hablar de tres

grandes modelos:

a. Modelo informativo: el primero que surgió; su objetivo

principal es dar información útil para la vida familiar: puericultura,

higiene infantil y doméstica, economía del hogar, problemática

escolar... En este modelo el especialista se sitúa en el lugar del

saber y los padres en el del no saber. Evidentemente, suministran

mucha y buena información; pero existe el peligro de que los padres

se lleven la impresión de que todo lo hacen mal (generando culpa),

con una sobre-exigencia de hacerlo «perfecto» volviéndose cargantes con la pareja y con los hijos,

o de que no lo están haciendo del todo mal, de donde pasan fácilmente a «lo estoy haciendo bien»;

o, si no, se van como llegaron porque lo dicho no se adecuan en absoluto a lo que acontece en su

núcleo familiar. En ninguno de los tres casos, se genera una dinámica de cambio.

b. Modelo instructivo: da un paso más allá de la mera información, reconociendo que las

lecturas y conferencias no producen grandes cambios. Este modelo busca estrategias de

intervención para que desde el terreno del conocimiento intelectual se penetre en las actitudes y en

el comportamiento. Pasa de la información a la formación, y al cambio de actitudes, mediante el

análisis y la reflexión de sus acciones educativas. El solo hecho de expresar y compartir en el

grupo los problemas cotidianos bajo la supervisión de un experto reduce tensión, ansiedad,

culpabilidad, primer paso importante para posibilitar el cambio de actitudes y la incorporación de

nuevos criterios.

c. Modelo social: el hombre es un ser esencialmente social, y la necesidad más perentoria

consiste en sentirse protegido, aceptado, aprobado, escuchado y ayudado por las personas que le

rodean... La relación entre padres e hijos conduce al niño a adoptar sus primeras actitudes frente a

las demás y le proporciona hábitos de confianza en sí

individualidad, de solidaridad en la acción y en los sentimientos. Y esto es lo que busca el modelo

social; en él se ofrece un lugar de encuentro entre padres y educadores, y mediante técnicas de

grupo se favorece la comunicación para la expresión de experiencias educativas. Además de la

capacitación familiar se consigue:

_ conferir a los participantes el sentimiento de ser aceptado por los otros, compartiendo

conflictos;

_ aprender a escuchar, aceptar y colocarse en el lugar del otro.

El peso del facilitador, en este modelo, no está en impartir conocimientos sino en dinamizar

el grupo, canalizar las aportaciones de los miembros, evitar la generación de críticas, boicots o

cualquier otro problema que pueda surgir de la dinámica grupal.

En todo caso, lo importante es utilizar el modelo que se vea más adecuado para cada grupo

aunque, por no ser excluyentes, se pueden combinar para obtener uno más integrado que fomente

la participación y que utilice ampliamente dinámicas de grupos para favorecer la cohesión grupal, la

motivación en la tarea, la comunicación espontánea y abierta, las opiniones del grupo, la

participación activa de los padres, sin renunciar a favorecer criterios de actuación recuperados del

estudio de la conflictividad cotidiana junto con las teorías pedagógicas y psicológicas.

En cuanto a la implementación práctica de estos modelos, podemos hablar también de tres

grandes sistemas:

a. Con expositor o facilitador: un especialista desarrolla ante el grupo cada tema,

apoyándolo con algún material escrito o audiovisual, con ayuda de dinámicas diversas que

permiten la participación activa de los integrantes. Ventajas: el grupo puede escoger los temas que

más le interesan, los expositores conocen bien su tema y por lo tanto se puede ahondar en éste

Hacia el Congreso CIEC en Santiago de Chile, 2004 10

sin dejar dudas o interrogantes pendientes. Desventajas: aparte las señaladas arriba para el

modelo informativo, suele resultar un tanto caro pues hay que pagar honorarios, pasajes, viáticos,

etc.

b. Con un agente multiplicador: se basa en guías de trabajo, generalmente

independientes para cada tema, con apoyaturas audiovisuales (videos, audiocassettes, sonovisos,

etc.); aunque el trabajo se sustenta en el grupo participante, el agente multiplicador desempeña un

papel importante como animador, motivador, aclarador y vínculo pedagógico con la Institución

patrocinante; debe tener algún conocimiento especial de los temas tratados. Ventajas: el grupo

puede escoger los temas de su interés; las guías por su amplitud desarrollan generalmente

bastante bien cada tema; el crecimiento del grupo se favorece; los costos son menores.

Desventajas: exigen mayor esfuerzo de los participantes pues éstos deben resolver las dificultades

por sí mismos, y no siempre es posible responder a las dudas e interrogantes.

c. Con animador: el peso del trabajo reside en el mismo grupo participante, con la ayuda de

una guía o manual; el papel del animador tiene que ver más con la integración del grupo y su

coordinación que con el desarrollo del tema, pues no se le exige conocimientos especiales sobre

éstos; de todos modos importa disponer de un experto cercano. Ventajas: el manejo de los

manuales es fácil y los costos son reducidos. Desventajas: el grupo tiene que someterse a temas

previamente escogidos por otros, el tratamiento de cada tema resulta superficial, y no es posible

aclarar todas las dudas e interrogantes; además el material tiende a la larga a hacerse monótono

4.6. Algunos aspectos organizativos

4.6.1. Equipo Responsable

El primer paso para conformar una Escuela de Padres ha de ser constituir un equipo,

suficientemente representativo, conformado preferentemente por voluntarios que estén dispuestos

a trabajar para poner en acción la Escuela de Padres. Su función consiste en:

- Garantizar el cumplimiento de los objetivos;

- Reunirse semanalmente para:

_ preparar materiales y recursos;

_ organizar la sesión;

_ distribuir funciones;

- Captar la dinámica del grupo e interpretar el proceso;

- Informar, motivar, convocar;

- Designar al coordinador general y al facilitador;

- Evaluar periódicamente y ajustar programaciones.

Conviene que este equipo se renueve periódica y progresivamente con el fin de garantizar

tanto la continuidad como la incorporación de gente joven.

4.6.2. Motivación

Para lograr la participación de los padres en una Escuela de Padres es preciso motivarlos

previa y suficientemente; muchas veces llamamos «falta de interés» a lo que no es sino simple

desconocimiento.

1. Hay que preparar el terreno con una campaña "publicitaria" previa, suficientemente larga.

Se trata de crear conciencia sobre la importancia del papel educativo familiar y sobre la validez de

las Escuelas de Padres. Se deben utilizar, en esta campaña, cuantos medios lícitos estén al

alcance.

2. Después de un buen tiempo creando conciencia se puede iniciar el contacto con los

padres. Una buena forma de hacerlo es organizando una «charla informativa», de acuerdo a los

siguientes principios:

- debe ser de carácter abierto y sin compromiso de continuidad;

Hacia el Congreso CIEC en Santiago de Chile, 2004 11

- orientada a:

· aclarar los objetivos de una Escuela de Padres;

· recoger las expectativas de los padres acerca de lo que esperarían obtener y de lo

que les preocupa;

· invitarlos a ser los propios comunicadores de la actividad.

- La convocatoria a esta reunión puede hacerse por carta o circular, muy bien pensada y

diseñada, reforzándola con otras estrategias, como visitas personales, llamadas telefónicas o la

invitación insistente de los propios hijos;

- la charla debe ser de mucha calidad -si es necesario, invitar a algún especialista para que

desarrolle el tema de la educación familiar- pues de ella dependerá la motivación para participar

posteriormente;

- la invitación a participar en la Escuela de Padres, dentro de esta reunión, también debe ser

impactante y con suficiente «gancho» motivacional. Puede hacerse a través de monitores

responsables o de matrimonios con capacidad de convencimiento y con alguna experiencia al

respecto, quienes presentan su propia "aventura" y explican la naturaleza, los objetivos, la temática

y la actividad de este tipo de Escuelas;

- se invita a los que estén interesados a formalizar su participación, por escrito, pero

invitando antes a tomar conciencia de que, aunque no se trata de algo coercitivo, se exige

responsabilidad y constancia;

- se convoca a quienes han formalizado su participación a una nueva reunión, sea

posteriormente, sea finalizada la presente, a fin de convenir y organizar detalles.

3. Esta segunda reunión se realiza de acuerdo al siguiente esquema:

ü Se clarifica: ¿qué se quiere lograr? ¿A dónde se quiere ir? ¿A quiénes van dirigidas

las acciones?, etc.

ü Se ofrece la lista de posibles temas para que los participantes escojan los que creen

más importantes, dejando la posibilidad de que añadan otros que no aparecen en la

lista pero que se consideran importantes.

ü Obviamente este paso no es necesario cuando se trabaja en base a una Guía cuyos

temas ya han sido preestablecidos. En tal caso, se analizará rápidamente la Guía

para ver qué temas importantes no están presentes a fin de prever alternativas para

ü Se informa sobre los materiales que se necesitarán y la forma de adquirirlos.

ü Se conviene la frecuencia de las reuniones, el lugar, el día y las horas más

convenientes.

ü Se distribuyen las tareas y responsabilidades.

ü Se hace un inventario de los recursos humanos existentes en la escuela, parroquia o

comunidad que puedan servir como charlistas o integrantes del equipo colaborador

(profesionales, obreros especializados, técnicos y otros), así como de los recursos

materiales, económicos, logísticos, etc.

ü Se elabora un plan de trabajo o acción que permita organizar las actividades para

alcanzar los objetivos previstos:

§ Objetivo general y objetivos específicos,

§ Modelo de Escuela de Padres,

§ Estrategias Metodológicas,

§ Recursos Humanos,

§ Materiales necesarios,

§ Sistema de evaluación y seguimiento,

§ Reprogramación,

§ Financiación.

Hacia el Congreso CIEC en Santiago de Chile, 2004 12

4.6.3. Temática

Constituye la espina dorsal de la Escuela de Padres; si se acierta en la selección de temas,

se garantiza la asistencia de los participantes. Tienen que ir acorde con las demandas de los

padres, aunque no suele diferir mucho de unos grupos a otros. Un temario integrado puede ser el

siguiente:

· Educación en la salud: agentes de salud, salud versus enfermedad. Enfoque bio-psicosocial.

· La familia: la familia como grupo. Función de la familia. Carga cultural.

· La comunicación: ¿qué se en tiende por comunicación?. Interferencias en la

· Educar para ser persona, educar para ser mujer, educar par ser hombre. Carga cultural

de los roles.

· Vínculos afectivos. Educación y sexualidad.

· Función de ser padres. Nacimiento del primer hijo. Crecimiento.

· Etapas evolutivas de los niños. Sus características, sus vicisitudes. Familia-escuela.

· La adolescencia y sus conflictos.

4.6.4. Encuadre, organización, recursos

Se trata de prever aquellos requisitos

imprescindibles para que la Escuela de Padres pueda

llevarse a cabo:

1. Espacio: dependerá de los recursos de la

Institución; para las reuniones es suficiente con un local

que permita el cómodo traslado hasta él de los

participantes y que reúna las mínimas condiciones de

comodidad: plena disponibilidad en el horario de la

Escuela de Padres, ambiente cálido, espacio suficiente

para poder poner sillas en círculo, buena iluminación y

ventilación, etc. No debe ser tan amplio que se pierda la

comunicación entre los participantes y se dificulte el

crear un ambiente de confianza y ayuda mutua, ni tan

estrecho que la gente se sienta incómoda. Debe facilitar

la movilización de los participantes.

En la medida de lo posible, es conveniente que la

Escuela de Padres tenga su local propio, como punto de

referencia y arraigo; no importa cuán grande sea, con tal

que sea «de ellos»; allí se mantiene una biblioteca

básica, alguna videoteca, etc., de tal modo que los participantes puedan ir allí a documentarse o

simplemente a hablar con alguien sobre sus problemas.

Para la charla motivacional, así como para las charlas o conferencia abiertas, debe preverse

un salón con mayor capacidad, pues los asistentes suelen ser numerosos. Por ejemplo, un

auditorio.

2. Periodicidad y Duración: es importante que las sesiones no se realicen muy distanciadas

en el tiempo, a no ser que se trabajen de forma intensiva (una reunión de cuatro horas al mes).

Tampoco deben ser muy largas. Se recomienda que sean semanales, con hora y media como

máximo de duración.

3. Participantes: hay que delimitar el número por grupo; es recomendable de 20 a 30

personas, con la recomendación de que asistan los dos miembros de la pareja, ya que esto

favorece que después puedan incorporar a su propia familia lo que se ha trabajado en la Escuela

de Padres y porque el «luego se lo cuento», nunca es lo mismo. Pero si la Escuela de Padres se

Hacia el Congreso CIEC en Santiago de Chile, 2004 13

convierte en una Escuela de Madres o de Abuelas, siempre será mejor esto que nada. En lo

posible, para algunos temas, conviene que también los hijos puedan asistir.

En principio, la Escuela está abierta a todo tipo de padres; esto quiere decir que no se deben

cerrar sus puertas a ningún padre o madre que esté realmente interesado en mejorar su condición

speciales a aquellos padres que viven situaciones

especialmente difíciles, como son los viudos, las madres solteras, los padres divorciados o

abandonados, etc. Deberá también facilitarse la participación de los novios que quieren preparar su

futura vida familiar de manera más orgánica y profunda.

La organización y sostenimiento de una Escuela de Padres plantea un mínimo de

condiciones a todos los participantes, si es que se quiere garantizar su buen funcionamiento y

adecuada eficacia:

· corresponsabilidad en la organización, mantenimiento y sostén de la Escuela;

· constancia en la asistencia;

· participación en el trabajo;

· solidaridad en los planteamientos;

· espíritu de trabajo y de diálogo permanente;

· sentido de grupo y armonía fraterna.

4. Niveles: según las posibilidades de la institución organizadora se pueden establecer uno o

varios niveles de participantes. Por ejemplo:

Nivel 1: Iniciación. (3 ó 4 años de duración, con un temario concreto).

Nivel 2: Monográfico: para aquellos que pasados sus años de iniciación quieren pasar a un

modo de trabajo más exhaustivo sobre determinados temas. Se escoge un tema -máximo dos- por

año y se trabaja, investigando, leyendo, invitando a expertos, etc.

Nivel 3: Compromiso: para aquellos padres que quieren prepararse más en profundidad para

ser facilitadores o animadores de otras Escuelas de Padres y para un mayor compromiso dentro

del colegio o la institución, etc..

5. Guardería: es importante brindar servicio de guardería durante la sesión para evitar

s, etc.

6. Financiación: debe preverse la forma de cubrir los gastos. Y aunque se consiga alguna

ayuda o subvención, importa que los padres colaboren con algún tipo de aporte.

4.6.5. Metodología

Como en todo proceso educativo lo importante no es tanto saber cuanto saber enseñar; por

eso la metodología y didáctica tienen mucho que ver. Hay que utilizar el modelo y las técnicas

acordes con el grupo y con el tema, tratando de que sean variadas, activas y con mucha

creatividad.

En general:

• Conviene que sean los mismos padres desde la primera sesión a la última. Las sesiones

tienen continuidad de una a otra, no sólo temática, sino también dinámica, van participando en

dinámicas grupales cada vez de mayor compromiso.

• Emplear siempre métodos del modelo formativo. Entendiendo por tal, como decíamos,

aquel que es fundamentalmente participativo, es decir, un grupo en el que el aprendizaje se genera

no sólo desde la exposición teórica del coordinador, sino también desde los comentarios del propio

grupo. El papel del coordinador -decíamos- será no sólo el de dar información, sino también, y más

importante, el de favorecer la integración de la parte intelectual y de los sentimientos que genera la

• Esto significa que no hay clases magistrales; la exposición del tema se lleva a cabo a

través de una dinámica por parte de los padres que contenga elementos del tema. Los

participantes opinarán acerca de lo que vieron y el facilitador recogerá los emergentes grupales y

inámica y teórica de lo acontecido.

Hacia el Congreso CIEC en Santiago de Chile, 2004 14

• Los padres no sólo analizan criterios de educación, sino también los sentimientos por los

que pasan ante la vivencia de conflictos o cambios. Se potencia la cohesión grupal y se van

analizando los distintos momentos del grupo: individualismo, competencias, etc.

• El esquema de la sesión puede ser el siguiente:

- exposición del tema (25 a 30 minutos): variar la metodología: exposición oral con o sin

apoyo audiovisual, montaje sonoro o audiovisual, video, filme, documental, mesa redonda,

comentario de un libro/documento/artículo/carta, dramatización, presentación de una encuesta

motivadora, etc. La dinámica más conveniente parece ser la de escenas de la vida

cotidiana. Dramatizaciones que realizan los participantes voluntariamente, a partir de las consignas

que les dará el coordinador. Desde la experiencia, en un primer momento se muestran algo

reticentes a actuar: sentido del ridículo, miedo a no hacerlo bien... Esta dificultad es superada con

bastante rapidez y, posteriormente, los padres rescatan como algo muy positivo lo lúdico de esta

manera de aprender.

- Trabajo en grupos pequeños (25 a 30 minutos): conviene entrenarlos antes para esta

técnica; enseñarles a trabajar por binas, o Phillips 66, etc. No hay que presuponer que ya saben

trabajar en equipo porque son adultos. Es importante insistir en los roles del moderador y del

secretario o relator.

- Puesta en común (20 a 30'): hay que tener en cuenta también aquí las técnicas de

que en un tiempo tan limitado se pueda llegar a conclusiones concretas

en la medida de lo posible.

- «Tarea» para el hogar: conviene, al acabar la reunión, poner o convenir una «tarea para

hacer en la casa»: algún material de refuerzo sobre el tema estudi

comienzo de la siguiente reunión; o alguna encuesta o fotocopia del tema que se deberá hacer o

comentar en casa con los demás miembros del grupo familiar. Otras veces simplemente se llevan a

casa un libro o revista sobre el tema para leerlo y comentarlo.

• Por no ser un grupo de carácter terapéutico, se intenta evitar el que se expongan temas

excesivamente personales, ya que ello puede crear mucha ansiedad. Se trata de que hablen de

aquello que se analiza a nivel general y los padres aporten sus opiniones, y no de que cuenten

como en una consulta individual sus conflictos personales, a no ser que se traten de conflictos muy

generalizados, como los límites horarios, la desobediencia de los niños, etc. Los conflictos muy

personales no ayudan al resto de participantes y para el padre que los expone pueden terminar

siendo motivo de ansiedad, sentimiento de culpa, etc. No es el lugar adecuado para tratarlos.

• El fin de la Escuela de Padres debe marcarse con una evaluación periódica de lo que ha

sido el proceso de crecimiento, individual y grupal. Evaluación que desarrolla tanto el animador

como los miembros teniendo en cuenta no tanto dónde se ha llegado, como qué se ha conseguido

desde donde se partió. Esta evaluación permite reelaborar los contenidos del programa desde las

características concretas de cada grupo.

4.6.6. Actividades paralelas

Al margen de su actividad ordinaria, que constituye el desarrollo de la temática programada,

es importante que la Escuela de Padres lleve a cabo otras actividades que sirvan de complemento

a esa temática central y que fortalezcan las relaciones humanas, el mutuo conocimiento y el

compromiso de los participantes. Así: celebraciones litúrgicas (navidad, cuaresma, pascua,

cocina, manualidades, etc.), teatro, excursiones, encuentros con otras

Escuelas de Padres, comidas comunitarias, celebraciones (día del Padre, de la madre, del Niño,

del Maestro..), actividades de servicio social, periodiquito familiar, radio escolar, grupos de apoyo,

etc.

4.6.7. Equipo humano

a. Coordinador: Su función no se limita a la coordinación del grupo una vez ya instaurado,

sino que se encargará junto con su equipo de la planificación y puesta en marcha de la Escuela de

e unión entre los educadores o la comunidad y los padres. Una vez

constituido el grupo, algunas de sus funciones serán:

- Promover la participación de todos los padres;

Hacia el Congreso CIEC en Santiago de Chile, 2004 15

- Ofrecer la información necesaria en cada tema;

- Tener previstos los recursos necesarios para cada reunión;

- Coordinar las reuniones no sólo desde lo formal, sino también desde lo dinámico;

hacer lectura de aquello que está ocurriendo en el grupo más allá del tema: ansiedades,

inseguridades, papeles estereotipados, bloqueos, etc.

- Evaluar cada sesión con el facilitador, a posteriori, para replantear la siguiente;

- Tras la finalización de la tarea, realizar, junto con el facilitador o Animador, una

evaluación final donde se refleje: de dónde partió el grupo y adónde ha llegado, evolución

intelectual y evolución dinámica, puntos débiles, objetivos alcanzados, etcétera. Esta

evaluación la compartirá con el equipo responsable.

Su Perfil:

- A nivel personal:

Con flexibilidad de pensamiento: capacidad para improvisar, para utilizar los recursos

aprendidos, para buscar alternativas, etc.

Abierto de pensamiento: con mucha capacidad de entendimiento.

Con capacidad organizativa.

Comprometido.

Con equilibrio personal.

Extrovertido.

Con elevada autoestima.

Constante.

Con visión de futuro.

Dinamizador.

Con facilidad para trabajar en grupos.

- En el plano de su formación:

Con formación específica en Escuela de Padres.

Con conocimientos de psicología social, teorías evolutivas y teorías de la educación,

dinámica de grupos, psicodinámica g

En resumen, conocimiento psicológicos y metodológicos adecuados a la tarea que va a

realizar.

b. El Animador o Agente Multiplicador:

Sus funciones básicas son:

a) Relacionar

b) Entrenar

c) Estimular y Animar

d) Moderar

e) Motivar y Comprometer

f) Dar testimonio

g) Innovar (desarrollar la creatividad).

Su perfil:

• Ser un apasionado por el papel educativo de la familia y creer realmente en la paternidad

esforzándose por vivirla dentro de sus posibilidades para que lo que dig

• Tener en la comunidad la suficiente autoridad moral por la coherencia de su vida personal y

familiar.

• Estar convencido de que las Escuelas de Padres son un instrumento educativo privilegiado.

• Estar dispuesto a capacitarse cada día más para cumplir bien su misión.

Hacia el Congreso CIEC en Santiago de Chile, 2004 16

• Conocer bien los materiales e instrumentos utilizados (Guía, Folletos, Cassettes, Videos,

etc.).

• Aunque no sea un especialista, tratar de conocer bien los temas tratados.

• Ser responsable y asumir con seriedad el compromiso de ayudar y servir a todos los

padres de su comunidad. Entregarse a esta tarea con verdadera mística.

• Ser cálido y sincero en su trato con los demás.

• Ser capaz de expresar sus sentimientos en forma auténtica, tanto en lo positivo como en lo

negativo.

• Ser capaz de ponerse en lugar del otro, es decir, ser empático y promover la cooperación y

la interdependencia.

• Ser capaz de generar el respeto mutuo en el seno del grupo empezando por su propia

experiencia.

• Ser capaz de establecer un liderazgo compartido con el grupo, propiciando la participación

de todos los miembros del mismo.

• Ser capaz de propiciar un clima de aceptación mutua entre los miembros, una atmósfera

afectiva y un ambiente de cordialidad y espontaneidad.

• Ser capaz de facilitar la expresión de cada participante.

• Tener disponibilidad de tiempo para dedicar a esta tarea.

Condiciones que debe conocer respecto al proceso grupal:

• Clima o atmósfera del grupo que dirige

• Desempeño de roles de cada participante

• Energía grupal para determinar hasta dónde puede llegar el grupo.

• Tipo de grupo que se desea desarrollar: de Investigación, de Formación, de Apoyo Mutuo,

de Trabajo o Capacitación, de Orientación, de Crecimiento Personal, etc..

4.6.8. Pasos de la organización

1. Constitución del Equipo Responsable. Se reúne para definir objetivos y estrategias del

plan. Debe incluir Director del Plantel, a representantes de las diversas instituciones involucradas o

afectadas y a cualquier otra persona que manifieste deseos de colaborar.

2. Etapa de motivación o sensibilización.

3. Análisis de la realidad (comunidad, centro educativo...) para detectar tanto los problemas y

necesidades como los dinamismos de las familias hasta llegar a un diagnóstico.

4. Seleccionar mediante encuestas abiertas los temas centrales que interesan a la

comunidad familiar.

5. Convocatoria a la charla motivacional.

6. Realizar la segunda charla con los interesados en participar.

7. Para estas primeras reuniones conviene tener en cuenta los siguientes aspectos:

- Preparar con anticipación el lugar de la reunión inicial y su contenido.

- Una vez que ha llegado un grupo considerable de padres se puede hacer una

dinámica de enfriamiento o presentación. A veces bastará con invitarlos a desordenar y

mover las mesas o pupitres para formar espontáneamente grupos de cinco personas. Una

dinámica útil es la de "Familia". Consiste en preparar previamente grupos de papelitos que

representan a una familia. Por ejemplo: Familia Pérez: Papá Pérez, Mamá Pérez, Hijo

Pérez, Abuela Pérez

Así se organizan grupos de 10 familias que correspondan, por ejemplo, a 50 personas. Se

colocan los papelitos en forma desordenada en una bolsa y se le dice a cada participante que tome

uno. Luego se les invita a formar las distintas familias. Una vez agrupadas, el facilitador explica

brevemente en qué consiste una Escuela de Padres y luego cada grupo debe contestar a las

siguientes preguntas:

Hacia el Congreso CIEC en Santiago de Chile, 2004 17

1. ¿Qué lo motivó a asistir a la reunión?

2. ¿Cuáles son los temas que le interesan?

3. ¿Cuál es el horario y día más adecuados?

- También se puede aplicar algún tipo de Encuesta, dándoles a los grupos de 20 a 30

minutos para responderla; conviene que el animador se vaya acercando a los diferentes grupos

formulando y respondiendo preguntas, y estimulando a los participantes. Transcurrido el tiempo

señalado, cada «familia» expone sus conclusiones pregunta por pregunta y el facilitador las va

anotando (en el pizarrón o en el papelógrafo) para determinar los temas, el día y horario escogidos

por la mayoría. Si es el caso, se finaliza la reunión señalando el día y el tema de la próxima.

8. Iniciar el desarrollo de los temas; deben preverse los siguientes aspectos:

- Enviar, por lo menos con una semana de anticipación, una invitación general, que

contenga toda la programación (lugar, hora, fecha, tópicos y ponentes). Además se les

recordará el día anterior a cada conferencia. La invitación ha de ser llamativa, concreta,

con pensamientos que sensibilicen y motiven a los participantes y que resalten el tema de

la conferencia; ojalá con gráficas sugestivas, que reflejen el tópico a desarrollar.

- Lograr la participación de la pareja: es necesario buscar los medios para atraer al

hombre a estas reuniones, ya que generalmente la que asiste es la mujer, disminuyendo

así las posibilidades de cambio en el núcleo familiar. Cuando es sólo uno de los padres

quien asiste a la actividad, aún cuando éste trate de cambiar sus actitudes, puede no

encontrar apoyo en el otro miembro de la pareja. El papá puede ser motivado a la

asistencia, mediante la celebración del día del padre, competencias deportivas, invitación

para que den a conocer sus profesiones u oficios, participación en trabajos comunitarios,

domingos familiares y otras. Los propios hijos pueden ser estupendos propagandistas y

recordatorios...

- El Animador o Multiplicador debe ser siempre el primero en llegar al sitio de

reunión para preparar todo lo necesario: materiales, equipos, etc. Si se trabaja con material

audiovisual, deben preverse los equipos necesarios y revisar antes las cintas a ver si

tienen fallas.

- Para motivar a los participantes es recomendable utilizar recursos audiovisuales,

como carteleras, afiches y murales.

- Conviene organizar un comité de logística que se encargue de la preparación del

refrigerio y de acoger a los participantes.

- Cuidar mucho el aspecto humano: calidez en el trato, respeto, buena educación,

- Es recomendable colocar en sitios visibles, grandes carteles con pensamientos

alusivos al tema para que sean leídos al final de la actividad y motiven la reflexión.

- Desde el comienzo hay que exigir responsabilidad y exactitud, no sólo en cuanto a

los horarios, sino también en cuanto a los temas y metodologías convenidos.

- Si en la reunión surgen temas difíciles o quedan en el aire preguntas sin respuesta,

el Animador debe tomar nota de todo ello a fin de consultar en los niveles adecuados;

informará al grupo, en la siguiente reunión, sobre las respuestas obtenidas.

- Como la mayoría de personas tiene tendencia hoy a olvidar los compromisos y a

desanimarse, el Coordinador debe cumplir bien su tarea, recordando a todos, con los

recursos a su alcance, la fecha y hora de reunión y tratando de visitar a los inconstantes

para motivarlos de nuevo.

- Se sugiere hacer de la Escuela de Padres no sólo un centro de estudio sino

también una ocasión para compartir juntos y disfrutar un rato; por eso debe cuidarse

mucho el rato de descanso y refrigerio, y organizar de cuando en cuando sesiones más

informales para el disfrute mutuo.

- Los temas deben ser tratados con toda la calma del caso; no se trata de agotarlos

a la carrera sino de aprovecharlos. Si hay que dedicar varias sesiones a un mismo tema,

no importa.

Hacia el Congreso CIEC en Santiago de Chile, 2004 18

- Si se utilizan Guías o Folletos, conviene combinar con otros métodos, invitando,

por ejemplo, a algún especialista a compartir más en profundidad determinado tema

importante. No olvidar que las Guías y Folletos suministran una ayuda pero no agotan las

posibilidades de los temas.

9. Finalizado el ciclo de temas es recomendable hacer entrega de credenciales. La

experiencia ha demostrado que esto produce gran satisfacción y motiva a continuar participando en

este tipo de eventos.

Para concluir debemos recordar que la tarea esencial de cada participante es disponerse a

organizar, jerarquizar y sistematizar cambios de actitudes en su rol de padres. El coordinador y el

animador tienen como misión facilitar ese aprendizaje, pero sólo el padre motivado y concientizado

puede hacer que la Escuela sea realmente lo que debe ser. Ellos son sus actores protagónicos.

4.7. Conclusión

Dejando a un lado la vieja polémica de si es la escuela

la que influye en la sociedad o la sociedad la que influye en

la escuela, lo que parece indudable es que, tanto la sociedad

como la escuela, y sobre todo la familia, han experimentado,

en los últimos veinte años, cambios tan vertiginosos y tan

radicales que nos han dejado a todos, padres y educadores,

completamente al descubierto, sin el necesario reciclaje.

Actualmente y en cuanto a educación se refiere, son

determinantes los factores exteriores al hogar, porque se

vive cada vez menos una vida de relaciones enriquecedoras

en familia, en el futuro la influencia de estos factores

externos será mucho mayor. De ahí, la trascendental

importancia de que los padres recuperen de nuevo el

protagonismo en la educación de sus hijos.

Han sido desastrosos los resultados del modelo

familiar, por desgracia hoy en boga, que entrega y confía la

formación integral de sus hijos al colegio y se desentiende

de su educación. Por suerte, ese modelo está dejando de estar vigente. La pedagogía del mañana

concibe la escuela como un lugar en el que los educadores profesionales no son meros

enseñantes sino auténticos educadores en estrecho contacto, entendimiento e interacción con los

padres de sus alumnos. Por eso, hoy más que nunca, es necesario que los padres se acerquen a

la vida de sus hijos y tomen parte activa y directa en su educación, pasando a ser los verdaderos e

incuestionables protagonistas en ella.

Vivimos hoy un momento de la historia en el que el bombardeo incesante de estímulos,

impresiones, propagandas, chantajes y manipulaciones de todo tipo afectan al ser humano y hasta

le condicionan ya desde la infancia; esos factores externos pueden malograr la buena formación y

los jóvenes. Sería lamentable que los padres quedaran, precisamente ahora,

descolgados de su vida activa y de su enriquecedora relación personal. Los hijos crecerán y

madurarán bien física, intelectual y psíquicamente si en la relación paterno-filial va cristalizándose

un mutuo descubrimiento constante que será vivido por ambas partes como una de las

En resumen, los nuevos tiempos nuevos problemas, están exigiendo cambios educativos

que hagan posible una relación abierta y constante entre padres e hijos, educadores y educandos,

y que entre todos acaben de una vez con la habitual queja de tantos jóvenes: «Yo me desentiendo

En este duro proceso cobra una especial importancia el centro educativo. Los padres deben

informarse no sólo del tipo de formación intelectual que reciben sus hijos, si los profesores están o

no capacitados, sino que deben atender al tipo de formación que imparten, los valores que

transmiten... Se hace imprescindible una estrecha comunicación y entendimiento con quienes

dedican su vida a formar a sus hijos. Pero no basta con ello; si los padres quieren ser realmente

Hacia el Congreso CIEC en Santiago de Chile, 2004 19

protagonistas de la educación de sus hijos deberán capacitarse, en la medida de sus posibilidades,

para que su aporte sea real, eficaz y constructivo, y su participación activa y responsable. Tal es la

meta, como hemos dicho, de la Escuela de Padres. Pero ello no será posible si los propios padres

no asumen este desafío con responsabilidad, constancia, amor y sentido de sacrificio.

V. Actividades sugeridas para trabajar el tema.

Actividades de Integración

a. Leer los materiales y reflexionarlos con el acompañamiento de algún especialista en el tema.

b. Promover, a nivel de alumnos, un proyecto de aula sobre el origen, papel e importancia de las

escuelas de padres.

c. Investigar qué instancias de formación para padres existen en el entorno cercano.

d. Invitar a un especialista en el tema a dar una charla de sensibilización a todos los padres y/o

representantes del plantel sobre la importancia de las Escuelas de Padres y que a su vez ofrezca

caminos de acercamiento entre la escuela y la familia.

e. Integrar a los diversos movimientos de pastoral familiar que existen en la escuela o en la

parroquia con la finalidad de que conozcan las diversas metodologías de las Escuelas de

Padres.

f. Seleccionar un equipo integrado por docentes, padres y/o representantes que se encarguen de

recibir la inducción del tema y procedan a formar la Escuela de Padres.

VI. Conclusiones y recomendaciones

VII. Fuentes y referencias

BARROSO, M. (1991): Autoestima del venezolano. Caracas: Ed. Galac.

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Orángel Torres Molina y Ramón Rivas Torres

Caracas, Mayo 2003