Académico   Quincenario   Recortes   Documentos   Galería de Compras   Recursos   Escuelas   Contenidos
 

Quiénes somos

Equipo del sitio

 

 

Búsquedas

 

 

Contactos


ECONOMIA Y GESTIÓN

 Tema:  EL NUEVO MODELO ORGANIZACIONAL
¿Hacia dónde vamos? Definiendo los objetivos

Dr. Daniel Deu
Docente de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de Luján
Director de la Escuela de Capacitación del South Consulting Group

  Una de las cuestiones principales en el manejo de las organizaciones, radica en establecer un camino de acción (estrategia) que nos permita alcanzar un punto (objetivo).

Si preguntáramos en frío ¿hacia dónde vamos?, y nos olvidáramos dónde estamos, habría distintas respuestas: expectativas empresariales, profesionales, personales, relacionadas con la situación económica o política, o con una cosmovisión o teología.

Si acotáramos la pregunta a alguno de los temas, cada uno contestaría algo distinto; representarían probablemente ideas un tanto abstractas, aunque seguramente tendrían distintos “enfoques” enriquecedores. Sin embargo si pretendiéramos conciliar todas las respuestas, podríamos llegar a recrear Bizancio o Babilonia.

Si en cambio planteáramos que el hacia dónde vamos significa una meta, inmediatamente surgiría la idea de un fin común, el cual para lograrlo, implicaría una acción de conjunto.

Es deseable que cada uno tenga sus propias inclinaciones, deseos o puntos de vista, pero cuando se trata de desarrollar una tarea que requiere de los esfuerzos de más de uno, es necesario coordinar los trabajos, las funciones...¿pero coordinar en función de qué?

Surge entonces una respuesta obvia: de objetivos para todos.  Lograr que las respuestas se conviertan en metas comunes.  Pero ¿cómo se definen?

Requieren de la toma de decisiones, que es un proceso que se repetirá a lo largo de toda la acción.

Este proceso necesita como primera medida una visión en común:  así deberá llegarse a la descripción de un escenario futuro, que se supone es el que se desea lograr o que es el marco en el cual se desarrollará la acción, partiendo de una situación actual (statu quo).  El grado de detalle en la definición variará, según se trate del corto, mediano o largo plazo.

En todos los casos los objetivos deben ser cuantificables en uno o más tipos de unidades de medida: monto de dinero, tiempo, cuota de mercado, superficie ocupada, etc.  No son válidos los enunciados tales como “aumentar las ventas”, “maximizar las ganancias”, “colaborar solidariamente”, “mejorar la situación de los jubilados”, etc.

El objetivo es entonces la descripción cuantificada de la meta que se quiere lograr, según un escenario previsto.

La definición del objetivo exige también la definición de los límites dentro de los cuales se ajustará la acción: éstos serán económicos (no invertir más de “x”, emplear o no más personal, reemplazar o no mano de obra por tecnología...), éticos, etc.  A estos límites los llamamos políticas.

Definido el objetivo deberá determinarse el cómo se logrará. En este caso el proceso de toma de decisiones se centrará en el mejor uso de los medios disponibles para lograrlo, buscando no sólo la eficacia y la eficiencia, sino la efectividad, es decir, hacer correctamente las cosas correctas.  Para ello la persona o el conjunto, se abocará al desarrollo de alternativas.  Nunca hay un solo camino posible, pero sí debe haber un camino elegido que no se debe modificar, salvo graves desvíos –que siempre significan volver al punto de partida- y al que llamamos estrategia.  Es fundamental que en el planteo de las alternativas se apliquen al máximo las técnicas que permitan el estímulo de la creatividad.

En este aspecto, hay que recordar que el esfuerzo en común y con buena fe de dos no es igual a uno más uno sino a bastante más.  En la medida en que se aúnen puntos de vista distintos, si todos “tiran” para el mismo lado, los esfuerzos producen un resultado potenciado (trabajo de equipo).  

Este intercambio y al mismo tiempo aporte de nuevos puntos de vista, o ideas –locas a veces pero que suelen encerrar el punto innovador- puede resultar interminable: por lo tanto es necesario establecer un punto final, congelar la sesión, y manejarse con lo aportado hasta ese punto.  Toda nueva idea, alimentará un futuro proceso de la decisión, cuando por algún motivo se plantee (nuevo período, revisión, etc.).  El momento para congelar dependerá de la disponibilidad de tiempo y las urgencias para tomar la decisión.

Por todo lo visto, la aplicación de la teoría de las decisiones nos permite definir objetivos, alternativas, límites o políticas, estrategias, escenarios, etc.  Su aplicación es general a todo lo que implique decidir el qué, el cómo, el quién, el cuándo y el dónde HACER. 

 

Comentarios y Consultas a: comunicacion@consudec.org


anterior

© 1997-2001 Consejo Superior de Educación Católica