A modo de introducción
Los
últimos veinte años
de la vida argentina, sirvieron
para advertir la importante
incidencia de los efectos del
contexto económico –
político (el “afuera”)
en la dinámica organizacional.
Los
fenómenos de crisis vividos
en la mayoría de las
organizaciones, estuvieron relacionados
con la influencia de esos amenazantes
y turbulentos contextos.
Los
cambios abruptos, ejercieron
en ellas un impacto desorganizador,
y con ello la desorientación
de sus miembros al verse imposibilitados
de prever el futuro. Aportaron
una sensación de catástrofe
frente a la ruptura de la continuidad.
Estos
hechos implicaron el reconocimiento
de una nueva realidad, la revisión
de esquemas previos y, un duelo
por lo que cambió y ya
no existe.
Las
organizaciones debieron transformarse
o modificarse para evitar el
riesgo de desaparición.
Desafortunadamente
muchas no pudieron lograrlo.
En
otras palabras, podemos afirmar
que:
Las
organizaciones dependen
funcionalmente del
contexto.
Los
cambios que se produzcan
en él incidirán
directamente en
su dinámica
interna |
Para dar una respuesta satisfactoria
a ese “afuera”, entendemos que
se hace imprescindible considerar:
-la
organización
desde
una perspectiva dinámica;
-el
entorno general y
el entorno
inmediato;
-los
deseos
y
necesidades
del consumidor, y;
-los
productos simultáneos.
¨ La
organización
Debemos
entender que seguir considerándolas
como sistemas cerrados tiene
un único destino: “desaparecer”.
Es
necesario concebir a las
organizaciones como sistemas
abiertos que
no
tienen razón de ser sin
la consideración del
“afuera”.
Las
viejas concepciones basadas
en la idea de “vendo
lo que produzco” han
sido dejadas de lado.
Los permanentes cambios
que se producen en los escenarios,
hacen necesario el diseño
de organizaciones
flexibles que puedan adecuar
su estructura a la estrategia.
Hoy se habla de “producir
lo que se vende”.
¨ El
entorno
Es
muy importante que
la organización sea manejada
manteniendo el
“ahí afuera”
-el entorno- en
permanente consideración.
Debe monitorizarlo
para detectar tendencias, cambios,
restricciones e interdependencias
que luego se puedan convertir
en oportunidades o amenazas.
EL
llamado proceso de la globalización
ha cambiado completamente las
reglas del juego. La formación
de bloques económicos,
las sucesivas crisis financieras,
la concentración del
poder económico, la caída
de la renta, los mercados hipercompetitivos,
la tercerización de la
economía, el desempleo
y la exclusión, son algunas
de sus consecuencias.
En
los nuevos escenarios, sólo
sobrevivirán las organizaciones
que tengan mayor capacidad de
adaptación al entorno.
Es
imprescindible detectar
todos los cambios que se producen
en el entorno general (contexto
económico, tecnológico,
político, legal, social,
cultural y demográfico
en el que la organización
“vive”), y
los posibles impactos que se
puedan producir en el entorno
inmediato (el
contexto en el que opera).
En
síntesis, la organización
evoluciona o desaparece de acuerdo
a como establece
el vínculo
con el escenario y logra satisfacer
las necesidades que ese vínculo
va requiriendo en el transcurso
del tiempo.
¨ Los
deseos y necesidades del consumidor
El
objetivo central de las actividades
de la organización en
su conjunto, debe ser la satisfacción
de necesidades.
Según
L.Abbott, la
necesidad
puede
ser de dos tipos:
genérica (abrigo
y vestimenta), y derivada (el
traje).
Por
ello, el objetivo de la organización
debe definirse claramente en
relación con las primeras,
que evolucionan constantemente
hacia niveles superiores
y nunca se saturan.
Esto
hace que la producción
de bienes y servicios se encuentre
bajo el impulso constante de
los requerimientos provocados
por la evolución de las
necesidades genéricas.
Es
de fundamental importancia,
que las organizaciones efectúen
un pormenorizado estudio de
las necesidades de los individuos,
que les permita una mejor interpretación
de las actitudes y comportamientos
de quien es el motivo central
del intercambio.
La
delimitación clara de
las necesidades básicas
que se pretende satisfacer,
permite definir mejor el rumbo
de la organización, y
en consecuencia, un efectivo
cumplimiento de sus objetivos.
¨ Los
productos simultáneos
Durante
muchos años y bajo la
perspectiva del enfoque
tradicional, se
sostuvo que la esencia de todo
negocio consistía en
obtener
rentabilidad a
través de la relación
entre un
producto y
un
mercado.
Sin embargo, esta
postura no explicaba el “real”
funcionamiento de muchos emprendimientos.
Sabemos
que el concepto de “transacción”
nos conduce al concepto de mercado.
Y que un
mercado consta de las personas
que compran o que podrían
comprar un producto.
Podemos
decir que “se
considera producto todo aquello
que pueda satisfacer una necesidad”.
Y la satisfacción
de esa necesidad no necesariamente
tendría que provenir
de un producto físico;
podría tratarse de una
cuestión emocional, por
ejemplo el afecto o la belleza
que se forman en la “mente”
del individuo que proyecta en
ellos sus propias ideas y sentimientos.
¨ Una
posible conclusión
Las
organizaciones, como protagonistas
de la realidad social contemporánea,
se desarrollan (o intentan desarrollarse)
en un ámbito complejo
como lo es todo aquel en el
que participan las personas.
La
globalización de la economía
mundial en estas últimas
décadas, ha vinculado
aún más la realidad
interna de las organizaciones
con su contexto externo.
La
expansión del comercio,
las operaciones transnacionales
de las empresas, la integración
de las plazas financieras y
el espectacular desarrollo de
la información, han cambiado
las reglas de juego de los mercados.
La
base del nuevo paradigma está
en entender estos grandes cambios
permanentes e intentar formar
una nueva manera de pensar para
enfrentar la complejidad que
presenta esta “nueva realidad”.
Se
hace indispensable el monitoreo
continuo del entorno general
e inmediato donde se desenvuelve
la organización.
La
comprensión de los actuales
escenarios (el “afuera”), permitirá
una mejor interpretación
de las actitudes y comportamientos
de quienes, en definitiva, son
el motivo central de su existencia
y permanencia en el futuro.
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