La toma de decisiones ¿puede ser
un juego? La participación
de la gente.
“¿Sabés
remar? –preguntó la Oveja, alargándole
un par de agujas de tejer.
-Sí,
un poco...pero no en tierra...ni con agujas-
había empezado a decir Alicia, cuando
de pronto las agujas se transformaron en
remos en sus manos, y ella y la Oveja se
encontraron en un botecito, deslizándose
entre dos orillas”. (Lewis Caroll,
A través del espejo).
En
la actualidad, la toma de decisiones
en la organización suele implicar
una problemática más compleja. En la actualidad, la toma de decisiones
en la organización suele implicar
una problemática muy compleja que
requiere integrar el Know how de diferentes personas dentro
de un esquema de organización flexible.
También
sabemos (o deberíamos saber) que
todo proceso de toma de decisiones
entraña la resolución de problemas,
y todo problema requiere una decisión
para ser resuelto.
Si
consideramos como elementos esenciales que
“juegan”
en cualquier proceso de toma de decisiones:
-El
problema;
-La
situación actual o proyectada;
-El
desarrollo de cursos de acción; y
-La
implementación de los mismos (toma
de decisiones propiamente dicha)
llegaremos
a la conclusión de que son las personas
–“la gente”-
quienes deben enfocar el problema, captar
o proyectar la situación, establecer
el objetivo, concebir y evaluar los cursos
de acción alternativos y que tomar
la decisión.
Por
lo general en las decisiones significativas
participa más de una persona en forma
muy variada tanto cuanti como cualitativamente.
La
participación de la gente (en mayor
o menor medida) y su manera de pensar (pensamiento
tradicional o divergente) constituye una
variable crítica en este proceso. Esto es así, ya que afecta
la eficiencia del proceso, la calidad de
la decisión y la probabilidad de
una implementación efectiva.
Si
bien existen todavía muchas organizaciones
que fundamentan sus decisiones en el pensamiento
tradicional, consideramos
que en el mundo moderno que nos toca vivir,
la creatividad y la innovación se
han convertido en factores decisivos para
la sobrevivencia y el desarrollo organizacional.
Quienes
pregonamos esta manera de pensar, sostenemos
que para la obtención de resultados
más favorables es
necesario incorporar el juego en la metodología
del proceso de la resolución de problemas
y la toma de decisiones.
Como expresa Graciela Scheines:
“La vida exige
respuestas rápidas a un sinnúmero
de situaciones. Para poder actuar
con efectividad es necesario simplificar
la realidad, reducirla a un esquema que
facilite la acción. La realidad así
empobrecida, convertida en un croquis de
señales, es funcional: permite transacciones
claras y precisas. Los detalles del
frente de la casa de departamentos donde
vive por décadas, por ejemplo, o
el dibujo exacto que decora el transporte
que diariamente lo conduce al trabajo, pasan
inadvertidos al itinerante cotidiano que
sólo percibe aquellos rasgos del
entorno -ciertos detalles de la esquina,
el ruido de motores o el chirriar de frenos,
el color del vehículo que debe tomar-
que funcionan como señales que le
indican virar, no avanzar, apurar el paso
o extender el brazo para detener el colectivo. Los mapas resultan útiles
para la vida que se reitera cada mañana.
Para jugar, en
cambio, necesitamos desgarrar los mapas
que se interponen entre uno y el universo,
entre uno y el entorno infinitamente rico,
siempre distinto, que se nos pasa por alto
en el ajetreo diario, y abrir un agujero
en el Orden del Mundo, recortar un espacio
y meterse adentro. En ese círculo
mágico, en esta nada llena donde
los mapas no funcionan, el jugador se enfrenta
a personas y a cosas fuera de contexto y
que aparecen con toda la fuerza de su particularidad. En el ámbito de los juegos
cosas y personas están disponibles,
ofrecen la gama de sus posibilidades, se
vuelven ambiguas y multifacéticas. La tapa de la olla es nave espacial,
el discóbolo, el escudo del guerrero,
la fuente para jugar a las visitas, el sombrero
de un chico y también la tapa de
la olla. Cada acercamiento
lúdico a lo que aparece a nuestro
alrededor no sólo recoge una respuesta
sino que, al mismo tiempo, genera un nuevo
interrogante, origina nuevas inquietudes
que impulsan a sucesivos acercamientos. Porque en ese va y viene que constituye
el juego, la realidad se insinúa
inagotable y sugiere infinitas jugadas”...
Pensemos
por un momento que ocurriría si estas
infinitas jugadas que menciona Scheines,
se refiriesen a múltiples decisiones
tomadas bajo una perspectiva que aplicase
el pensamiento divergente, donde existiría
una amplia participación de la gente,
con el firme propósito de obtener
resultados más favorables.
Sostenemos en
considerar la “posibilidad de jugar” como
un modo peculiar de relación con
el mundo que podría favorecer no
solo un nuevo examen de situaciones problemáticas, sino además
el desarrollo e implementación de
posibles cursos de acción que los
resuelvan, y donde la gente pueda desarrollar
sus capacidades . |