A modo
de introducción
Uno
de los principales referentes
vinculado al proceso de la toma
de decisiones que preocupó
durante generaciones a filósofos
y otros estudiosos de las organizaciones,
es el “saber”.
Para
intentar definirlo, comencemos
por preguntarnos ¿Qué
significado deberíamos
darle cuando un individuo dice
“yo sé cómo manejar
esta situación?
Es
muy común ver en las
organizaciones que sus miembros
se creen dueños de la
verdad.
Pero ¿que quiere
decir “yo sé”?
¿existe alguna diferencia
con decir “yo creo”?
¿Acaso ese saber
está relacionado
con el manejo de conocimientos
teóricos –teorías
de las organizaciones-, con
el sentido común –esquemas
conceptuales no explicitados-
o con la forma en que actuamos
para resolver problemas?...
Muchas
veces, ese “sabe la verdad”
conlleva la inversión
de esfuerzos innecesarios y
a la propia inacción.
Entendemos
que existe una estrecha relación
entre pensar
cómo
deberíamos resolver un
determinado problema y actuar para
solucionarlo.
También
es cierto, que de acuerdo al
rol que desempeñamos
dentro de una organización,
distinta será nuestra
preocupación o atención
para resolver problemas.
En
síntesis:
Lo
importante es que “el saber”
nos permita alcanzar óptimos
resultados cuando “actuamos”
en la práctica.
¨
El conocimiento
Los
individuos que han pensado y
escrito obras sobre este tema
se remontan a los tiempos antiguos
de los griegos y los romanos.
Desde
aquellos siglos hasta nuestros
días, muchas fueron las
escuelas de pensamiento que
se preocuparon por el estudio
del “conocimiento humano”.
En
opinión de algunos autores,
dos han sido las escuelas
filosóficas que
se han destacado en el pasado
en dicha tarea:
Los
empiristas
:
Sostienen
que el conocimiento humano proviene
de los sentidos –percepciones-,
por la experiencia, o derivado
de cosas que han sido adquiridas
de esa manera.
Es
decir, nada es o puede
ser pensado, si no fue previamente
percibido.
Los
racionalistas:
Para
esta corriente el
ser humano puede alcanzar su
máximo saber a través
de la razón.
Dispone de una facultad
puramente intelectual que
le posibilita saber la verdad
absoluta.
Actualmente,
hay corrientes en vigencia -las
teorías de la acción-,
las cuales sostienen que el
conocimiento es el resultado
de la experiencia concreta -la
praxis-
y la conceptualización
abstracta -las
teorías-
Algunos
estudios organizacionales han
tomado elementos de las teorías
filosóficas antes mencionadas.
Sin
embargo y dado que las organizaciones
se desarrollan en un ámbito
complejo como lo es todo aquel
en el que participan seres humanos,
las más recientes investigaciones
sobre los comportamientos de
los individuos en aquéllas,
han demostrado que
Nuestros
actos no obedecen exclusivamente
a la razón; por el contrario,
mucho tiene que ver la forma
en que sentimos.
¨ Las
“habilidades” para resolver
problemas
Gracias
al desarrollo y los aportes
de la neurología y de
la psicología, se ha
llegado a la conclusión
de que, no
existe una única y monolítica
clase de inteligencia, fundamental
para el éxito en la vida,
sino
un amplio espectro de inteligencias.
Durante
mucho tiempo nuestra sociedad
–podríamos relacionarlo
con el pensamiento organizacional-
ha puesto demasiada atención
en un tipo de inteligencias
como la lógico-matemática
y la lingüística,
ubicadas en el hemisferio cerebral
izquierdo, descuidando otro
tipo de inteligencias como la
espacial, la musical, la corporal
y cinética que se localizan
en el hemisferio cerebral derecho.
También
existen otros autores que tratan
este tema, y que han alcanzado
mucha popularidad con sus propuestas
sobre diversas
maneras de pensar y actuar.
Para
los investigadores y autores
que han trabajado en este campo
Existen
diferentes inteligencias que
nos ayudan y posibilitan la
resolución de los problemas
utilizando el cerebro de una
manera diferente.
¨ A
modo de conclusión
Los
individuos no poseen un conocimiento
infalible.
Por otra parte, el
modo como éste se elabora
no depende sólo de las
percepciones o
la razón, sino
en buena medida del uso que
podamos hacer de nuestra inteligencia
emocional.
Así
el aporte de la Filosofía,
la Medicina y la Psicología
permite a la Teoría de
las Organizaciones enriquecer
su conocimiento acerca del comportamiento
de sus miembros.
Es
importante remarcar que los
actuales escenarios, caracterizados
por una amenaza constante: “la
incertidumbre”, requieren de
cada uno de nosotros un verdadero
despliegue de “habilidades”.
Si
queremos tener posibilidades
de desarrollo personal, además
de los procesos de saber y de
actuar, debemos:
Considerar
otras alternativas de pensamiento;
Tomar
conciencia de nuestras emociones;
Intentar
comprender los sentimientos
de los demás;
Fortalecernos
interiormente para tolerar las
presiones y frustraciones que
soportamos en el trabajo;
Acentuar
nuestra capacidad de trabajar
en equipo;
Cambiar
nuestra actitud “individualista”
por una actitud empática
y social.
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