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ECONOMIA Y GESTIÓN

COMO SER MÁS CLAROS ENSEÑANDO ECONOMÍA

MAURO TRELLINI. Becario Fundación Mercado
Bahía Blanca

El desafío planteado hace bastante tiempo (y aún sin resolver) en la tarea docente de la economía es el de comenzar a alejarnos de los “tecnicismos” para acercarnos a las formas sencillas de entender y explicar la teoría y su conexión con los hechos económicos.

El espíritu de este artículo es el de contribuir a la, por momentos, tan olvidada causa de hacernos entender en la enseñanza económica. Para esto, es condición previa, para no utilizar términos económicos demasiado técnicos, tener claramente comprendidos los conceptos teóricos básicos y su correlato real con los hechos, con el objetivo de ser más claros en  el principal rol de un docente: la transmisión de los conocimientos.

La economía es el estudio de la humanidad en sus quehaceres cotidianos, según la sencilla definición de Alfred Marshall en su libro “Principios de Economía”. Sencillamente, la economía ayuda a comprender  el mundo en el que vivimos, los problemas (y sus “posibles” soluciones) de la sociedad a la cual pertenecemos e incluso como ser más astutos en la decisiones habituales de la vida diaria.

El término economía proviene de la palabra griega que significa “el que administra el hogar”. De aquí que existe mucho en común entre los hogares y la economía de un país, a la hora de entender sus problemas fundamentales y sugerir medidas correctoras.

De todas formas, los niveles de complejidad que alcancen las “ecuaciones” económicas, distan de la exactitud de la ciencias duras, dado su imperfecto objeto de estudio, como lo es el comportamiento humano. Para salvar esta “limitación”, la economía se sirve de algunos principios básicos,  que permiten establecer las leyes generales que  guían el análisis económico.

Un buen punto de partida para la enseñanza de la economía es estudiar y comprender con precisión los principios que gobiernan la economía: por un lado, el modo en que los individuos toman decisiones y por el otro, la forma en que interactúan. Aquí precisaremos con respecto al primer grupo de principios, es decir, los principios básicos que sientan las bases de las decisiones individuales:

Escasez y Costo de oportunidad

“No hay de todo, para todos, gratis”, junto a “En economía, no hay almuerzos gratis” son las formas más simples y didácticas de definir la escasez de recursos. Formalmente, sabemos que los recursos son de carácter limitado al momento de satisfacer los deseos ilimitados del conjunto de la sociedad. “Siempre queremos más que lo que podemos”, es un rasgo histórico identificable en una sociedad moderna.

Dado que para conseguir algo, debemos estar dispuestos a renunciar a otra cosa que seguramente también nos gusta, debemos tomar decisiones (elegir)  entre alternativas.

El valor de la mejor alternativa no elegida se conoce como costo de oportunidad o elección.

Ejemplificando, cuando un estudiante elige entre estudiar una hora mas de economía, está renunciando a una hora de diversión con amigos, entre otras cosas, la valoración de estudiar una hora más tiene el costo de no divertirse con amigos.

Costo - Beneficio

Cuando debemos elegir entre alternativas, la decisión se basa en una suerte de valoración individual de cada una de las opciones planteadas. Dicha valoración se hace comparando los perjuicios que ocasiona tal decisión y el costo de  renunciar a las demás alternativas (costo de oportunidad) contra sus rendimientos o beneficios que genera. De acuerdo a este criterio, ordenamos nuestras alternativas y elegimos aquella que mayores beneficios netos nos entrega según nuestras preferencias.

Si me decidí por estudiar y no trabajar, es seguramente porque preferí pagar la cuota de la universidad (costo directo) y renunciar al sueldo como trabajador (costo de oportunidad), por el beneficio de educarme y tener un mejor nivel de vida cuando me  reciba y merezca un sueldo mayor. Es un típico caso de  “costos presentes por beneficios futuros”

Incentivos

Debido a que los individuos toman sus decisiones comparando costos y beneficios, su conducta puede ser alterada cuando cambian las valoraciones sobre costos y beneficios, es decir, responden a incentivos. Entonces, son los incentivos los que “mueven” o motorizan las acciones de los individuos, justificando su valoración de “tener ganas de hacer esto más que aquello otro”.

Toda alteración de los incentivos por parte de un agente ( por ejemplo, el Estado), puede generar cambios en la conducta de los demás agentes privados, ya que alteran los costos y beneficios de sus acciones.

Por ejemplo, si queremos que nuestros alumnos participen y atiendan más en clase, busquemos algún tipo de incentivo (premio) para aquellos que realicen determinada tarea.

Seguramente obtendremos mejores resultados que si hubiésemos puesto algún castigo para los que no se comportaran de acuerdo a nuestros objetivos.

Esto es solo un punto de partida. Dada las limitaciones de espacio que exceden el alcance del presente artículo, el próximo paso para dar continuidad al presente artículo comentando los principios relativos a la interacción entre los distintos integrantes de la sociedad.

Siempre es adecuado recordar y “volver” a las bases de una ciencia cuando la complicación entorpece su adecuada transmisión del conocimiento, siempre sin perder de vista que el objetivo de la ciencia económica es que sea comprensible,

ya que la economía  no la crean los economistas, la hace la gente.

 

 

Comentarios y Consultas a: comunicacion@consudec.org


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